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Otra forma de ver la Sensibilidad Ambiental por Lorea Zubiaga

19 de enero de 2025 sensibil Comments Off

En los últimos meses se viene comentando en algunos círculos de profesionales de la psicología, que la SPS fue descrita mucho antes de las publicaciones de Elaine Aron y Arthur Aron en 1998. De hecho, algunos expertos ahora atribuyen su descubrimiento  al psicólogo e investigador de la Universidad de Harvard, Jerome Kagan. Al parecer (por allá en los 80’s) el Dr. Kagan hizo  alusión a la existencia de un conjunto de “características particulares” de un grupo de bebés, que hoy muchos describirían como bebés con Alta  Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS).  Pero Kagan interpretó sus resultados de otra forma.  Es por ello que en esta entrada de hoy me gustaría hablar de esta anecdótica situación.

Toda la historia comenzó con una simple observación realizada en bebés recién nacidos realizado por Kagan y su equipo en las áreas de neonatos del hospital. El grupo observó que a algunos bebés desde la más corta etapa de vida les molestaban los ruidos, los olores y las imágenes nuevas, mientras que otros permanecían imperturbables. Estas observaciones  luego se llevaron al laboratorio de experimentación. En el laboratorio se realizaron una serie de pruebas a cerca de 500 bebés. En los experimentos, colgaron ante los bebés diferentes juegos móviles (los que van en la parte superior de las cunas),  les acercaron a la nariz bastoncillos de algodón humedecidos en alcohol diluido y proyectaron una cara en una pantalla que parecía hablar con una inquietante voz sintética. Algunos bebés apenas reaccionaron, permaneciendo tranquilos durante los 45 minutos que duró la sesión. Otros se movían constantemente, pataleaban, se agitaban, arqueaban la espalda y lloraban. Kagan denominó a estos bebés “inquietos”, mientras que los demás eran “calmados”. Todos los bebés fueron clasificados entre ambas categorías o en posiciones intermedias. El enfoque que dió Kagan a estos resultados es que los niños más inquietos serían los adultos nerviosos y neuróticos del futuro ¿Se cumplió esta predicción…? Sigamos leyendo.

Al parecer, con el devenir de los años los bebés más inquietos se han ido asociando a un temperamento más introvertido y por tanto eran más sensibles a su entorno. Además, se determinó que probablemente habían tenido este rasgo desde su nacimiento. Pero, ¿les acompañaría este temperamento toda la vida? Hoy sabemos que sí. Kagan y sus colaboradores hicieron un seguimiento de muchos de los bebés hasta la edad adulta. Aquellos niños inquietos, que ahora tienen entre 30 y 40 años, se han convertido en adultos que en su mayoría se identifican con el rasgo de la alta sensibilidad y que hoy por hoy confiesan que se ponen nerviosos cuando hay mucha gente, que le dan demasiadas vueltas a las cosas y que se preocupan por el futuro. Pero también son personas que trabajan duro, que disfrutan de las pequeñas cosas de la vida y que destacan en muchos aspectos. La mayoría de ellos sacaron buenas notas en la escuela, se forjaron una buena carrera profesional y pueden lograr hacer amigos con la misma facilidad que los demás. De hecho, muchos prosperaron sin grandes inconvenientes en su camino cuando crecieron en un entorno favorable. Además, muchos describieron cómo habían construido confianza y calma en sus vidas sin dejar de preservar su sensibilidad.

¿Por qué entonces Kagan y sus colegas no pudieron (o supieron) ver la SPS entonces? Pues nunca lo sabremos…, pero algo podemos intuir. Y la intuición nos habla del “sesgo del observador”. En aquella época en la que se realizaron los estudios no se hablaba en absoluto como esta supuesta reactividad a los estímulos fuera una cualidad que se pudiera desarrollar. Al contrario. Kagan asoció este temperamento con el miedo y la preocupación, relacionándolo con la amígdala (el “centro del miedo” del cerebro). De hecho, toda la línea investigadora de Kagan sobre el estudio de esta cohorte de bebés se focalizó en describir cómo estos niños intranquilos serían en su totalidad pasto de problemas de ansiedad y otros desajustes sociales. Así que, no fue hasta nuevas revisiones de los estudios de Kagan (pasados unos cuantos años) que la realidad salió a flote. Es más…,  gracias al seguimiento de decenas de investigadores en la actualidad se sabe que bien gestionada, la capacidad diferencial de reaccionar a los estímulos puede ser un rasgo ventajoso para el individuo y sobre todo para el colectivo. De hecho, “el miedo” (o agitación) que Kagan observó en algunos de esos niños altamente reactivos desapareció en gran medida en la edad adulta. Y que cambió a personas más observadoras de su entorno. En definitiva, hoy se propone que el rasgo que en realidad estudió Kagan en los 80’s es con alta probabilidad lo que ahora se conoce como: personas altamente sensibles, sensibilidad de procesamiento sensorial (SPS), sensibilidad biológica al contexto, susceptibilidad diferencial o sensibilidad ambiental.

Y en relación al ambiente, las mismas investigaciones de Kagan mostraron también otros resultado interesantes. Los niños que generaron menos respuestas a los estímulos (es decir, los que en inicio se clasificaron como calmados) cuando crecían en ambientes desfavorecidos, baja socialización, insuficiente gestión emocional y con mal manejo de la ira, tendían a la agresión y la criminalidad. El comportamiento criminal se originaba sobre todo en los individuos con un enfoque egocéntrico y que pasaban gran parte de su vida en un modo de supervivencia constante. Esta situación al final, lograba moldear la personalidad hacia un mundo donde se perdía la consideración por los demás (menos empatía) ¿Quiere decir que estos niños aparentemente no sensibles se convertieron en psicópatas en potencia? Pues no. Otra vez las conclusiones de un estudio, o las correlaciones no son aseveraciones de causalidad al 100%. Solo es una manera de ilustrar cómo una misma carga genética en un entorno desfavorable puede desembocar en un resultado diferente al esperado. No importa si tus genes son los de una persona “tranquila” o de “intranquila”. Lo que va determinar si esos genes desembocan en un tipo de “personalidad” es sobre todo el ambiente. Ya que los niños “menos reactivos” y más calmados en los estudios de Kagan (aquellos en los que se predijo serían más sociables y menos neuróticos) no fueron necesariamente los más exitosos en su vida. Esta es la base de la sensibilidad ambiental y funciona tanto en un sentido como en el otro. Es decir, para PAS y para NO PAS, para lo bueno y para lo malo. De hecho, hoy en día tenemos más y más ejemplos al respecto ya que los estudios en epigenética (epi, del griego: por encima de) nos cuenta que nuestros genes son únicamente las instrucciones de cómo se prepara la receta. El resultado final de dicha receta siempre va a depender de dónde y quién la realice.

 

Es así como la investigadora de Kesstan Blandinde la Fundación Myers & Briggs realizó un análisis del trabajo de Kagan y colaboradores en el que concluyó que la biología no es la única respuesta al comportamiento de una persona. Y tampoco, lo es, solo ver la variable ambiente o entorno. Muchos factores (aún no medibles por el método científico por su alta carga de subjetividad) y por tanto escapan a este análisis.

En palabras de la propia Blandin se anota que:

“Los psicólogos han observado que los introvertidos evitan la sobreestimulación, mientras que los extrovertidos evitan el aburrimiento. Sabemos lo que la sobreestimulación le hace a un introvertido, pero ¿qué le hace la infraestimulación a un extravertido? No puedo evitar pensar que la respuesta típica podría ser similar a la de una querida amiga mía extravertida a la que la meditación le resultaba francamente aterradora. Duró ocho minutos y nunca volvió a intentarlo. Los investigadores se plantean preguntas como ¿estarían mejor los introvertidos si actuaran más como los extravertidos?, que no es una mala pregunta en sí misma, pero nadie se hace preguntas como ¿la contemplación tranquila hace más profundos a los extravertidos?

Otra anécdota personal de un amigo extremadamente extravertido recuerda su dificultad inicial para pasar mucho tiempo a solas cuando su único hijo se fue a la universidad y una larga relación terminó al mismo tiempo. Sufrió una gran ansiedad y dudas al aflorar incómodas preguntas existenciales sobre el sentido de su vida. Intentó escapar por sus vías habituales, pero éstas no le proporcionaban el mismo camino acolchado de antes. Finalmente, empezó a leer literatura clásica y encontró un nuevo nivel de paz, reflexión y solidez en su interior. No se convirtió en un introvertido, sino en un extravertido más pleno, con una comprensión más profunda de los seres humanos y de nuestro terreno interior […]

 Kagan y Snidman señalan que un impedimento para comprender los resultados de la investigación sobre el temperamento es la suposición de que el comportamiento se reduce a la biología; no es así, y no puede serlo realmente, igual que una ola que se estrella en una playa no puede reducirse a los miles de millones de moléculas de agua que la componen. Sin embargo, cada aspecto de la ola es real y necesario para comprender realmente una ola oceánica. Del mismo modo, para comprender realmente el papel del temperamento debemos tener en cuenta tanto su base biológica como el contexto a través del cual se realiza. No obstante, estos dos aspectos del yo -temperamento y condicionamiento- no completan el cuadro.

Es importante tener en cuenta la capa intermedia entre la biología y el entorno: el interior subjetivo o la psique. Representada en parte por el tono de sentimiento dominante o el tipo de actitud predominante, la subjetividad de un individuo contiene las interpretaciones implícitas de uno mismo y de los demás. Una persona descrita por su comportamiento como cauta y reflexiva no sólo posee estos rasgos como ropa, sino que está haciendo ciertas interpretaciones sobre sí misma y el mundo que se representan en la personalidad. Las neurociencias no tienen en cuenta la subjetividad porque escapa a la medición; la subjetividad se tiene en cuenta en las perspectivas culturales y del desarrollo, pero estas teorías tienden a considerar cómo se construye la subjetividad mediante factores ambientales, dejando de lado la contribución de la neurobiología y el temperamento al contenido y la interpretación subjetivos. La psicología profunda, a través de las relaciones objetales, la transferencia, los complejos y los arquetipos, contribuye a una comprensión de la psique que debe incorporarse a las teorías holísticas del yo y la identidad, integradas con las perspectivas del cerebro y los condicionamientos ambientales, a medida que seguimos comprendiendo la realidad y el misterio del yo.”


No he podido evitar transcribir las conclusiones de esta psicóloga, pues en el tema que nos corresponde dentro de la inmersión de la SPS, sin duda estas frases invitan a hacernos nuevas preguntas sobre la complementariedad de la que siempre hablamos desde PAS ESPAÑA. La búsqueda de la coexistencia de los caracteres (en inicio opuestos) en un punto medio donde la tolerancia y la visión de conjunto genere beneficios al conjunto. La idea que buscamos que prevalezca sea la de trabajar por la tolerancia entre temperamentos. Desde la comprensión de que la vida se ve diferente según el filtro (es decir, según el sistema nervioso que se tenga, como se haya desarrollado y las experiencias vitales en los diferentes entornos, culturas o épocas). En este sentido,  podemos buscar y encontrar más situaciones de entendimiento que aspectos sobre los que diferir y provocar un combate cuerpo a cuerpo.

Y hablando un poco más de epigenética. Si bien la capacidad de modificar un comportamiento pueda, tal vez, estar marcada por una determinada carga genética está claro que el entorno (o ambiente) juega una baza importante. Incluso antes del nacimiento. Y no, aquí no estamos hablando de vidas pasadas ni de constelaciones familiares. Aquí hablamos del componente epigenético en la época prenatal (es decir, como la carga genética puede empezar a cambiar durante el embarazo, según el entorno en el que se desenvuelva la madre). De hecho, la primera vez que oí sobre este particular fue cuando cursé los estudios de neurociencias en la asignatura de neurodesarrollo. Uno de mis profesores acababa de publicar un artículo donde planteó la hipótesis de que ciertos estresores en las madres podrían estar asociados al desarrollo de ciertos trastornos del sistema nervioso de la descendencia como es el caso del síndrome de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). El profesor Ben Amida de la Universidad de Picardie Jules Verne en Francia describió en 2022 la presencia de un receptor en el cerebro, el GPR88 (o receptor neural huérfano acoplado a proteína G) que podría estar asociado al TDAH.

El GPR88 se encuentra en el cerebro tanto de roedores como de humanos, y se considera una diana potencial para el tratamiento de algunos trastornos cerebrales. En los experimentos en ratones, el grupo francés encontró que en los ratones a los que se les había silenciado el gen para este receptor mostraban una mayor impulsividad motora y atención reducida junto con una hiperactividad acentuada. En este sentido, la administración de atomoxetina (un fármaco típico para el TDAH) redujo la impulsividad en los ratones que habían sido modificados genéticamente y mostraban este atípico comportamiento. Así mismo, se realizó un estudio de seguimiento genético en humanos, que incluyó a 567 familias nucleares con diagnóstico de TDAH. Tras la estratificación de los pacientes se encontró una asociación entre el estrés sufrido por las madres durante el embarazo y la presencia de alteraciones en las vías que condicionaban la expresión del GPR88. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que el estrés materno conduce al TDAH? No. Estos estudios no asocian causalidad sino que abren el abanico de posibilidades en la correlación que pueden ser utilizados  tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de ciertos trastornos.

¿Y a qué viene hablar de este trastornos del sistema nervioso en un contexto de personalidades PAS y no PAS? ¿No habíamos quedado que la Alta Sensibilidad no es una patología? En efecto. No lo es. Sin embargo, los estudios sobre sensibilidad ambiental como el de Pluess en 2023 nos cuentan aspectos enfocados desde la gestión del temperamento de los que también pueden beneficiarse aquellos grupos que trabajan con los trastornos del sistema nervioso. ¿Qué es lo que nos habla Pluess? Pues que aspectos que se asocian a estados de estrés prenatal (estados vividos por la madre gestante) pueden en cierta manera modificar la sensibilidad de respuesta al entorno (sensibilidad ambiental) después del nacimiento, pero que esos cambios ni mucho menos determinan (catalogan, etiquetan, sentencian o condenan) a una persona a ser “etiquetada” con un determinado comportamiento. En la revisión realizada por Pluess y colaboradores se habla de  que las diferencias genéticas, el género, así como el momento, la duración y la intensidad de las exposiciones prenatales pueden moderar los efectos de la programación prenatal sobre la susceptibilidad o sensibilidad ambiental postnatal. Pero aclaran que aún quedan muchas incógnitas en la programación prenatal de la sensibilidad ambiental y sus implicaciones prácticas. Y, en última instancia, concluyen que el estrés prenatal no predispone necesariamente a los individuos a un desarrollo problemático (tanto de personalidad como de trastornos del neurodesarrollo) sino que aumenta la sensibilidad a contextos postnatales tanto adversos como favorables. Así pues, el estrés prenatal puede fomentar un desarrollo positivo si se combina con entornos postnatales favorables y afectuosos.

En definitiva, la interacción biología-ambiente-psique no pueden ser desligados para justificar uno u otro proceder en los seres humanos. Por lo general el comportamiento de una persona (tanto positivo como negativo) puede ser más o menos explicado y por supuesto de nada sirve aferrarse al típico “yo soy así, y si no te gusta, te aguantas”. Ya que la capacidad de cambio es algo latente en todo ser humano, y que si bien los determinantes (genes-ambiente) están ahí, el cómo se interpretan las informaciones (cómo se lee la receta) es susceptible de modificaciones. Por cierto, modificaciones que se sustentan en la neuroplasticidad.

Pero para hablar sobre neuroplasticidad y todo lo que envuelve, seguro que podemos esperar a otra entrada. No en vano, la paciencia también es una habilidad que podemos entrenar.


Lorea Zubiaga MD PhD
Ms Neurociencias
Investigadora Biomédica y Directora de Formación de PAS España


Fuentes:

Kagan J, Snidman N. Temperamental factors in human development. Am Psychol. 1991 Aug;46(8):856-62.

Blandin K. Temperament and typology. J Anal Psychol. 2013 Feb;58(1):118-136.

Sami Ben Hamida et al. The orphan receptor GPR88 controls impulsivity and is a risk factor for Attention-Deficit/ Hyperactivity Disorder. Mol Psychiatry. 2022 November ; 27(11): 4662–4672.

Hartman S, Belsky J, Pluess M. Prenatal programming of environmental sensitivity. Transl Psychiatry. 2023 May 10;13(1):161.

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