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Percatarme de que era diferente me hacía sentir débil (por Lorea Zubiaga)

2 de marzo de 2024 sensibil Comments Off

Percatarme de que era diferente de hacía sentir débil y yo quería ser igual de fuerte que los demás
(por Lorea Zubiaga)

A sus 57 años, Irene acaba de descubrir que es PAS. Lo supo tras un episodio de depresión sobrellevado por la renuncia a su puesto de trabajo en una empresa distribuidora de mobiliario del hogar. Irene se enteró de la existencia de este temperamento gracias a la psicóloga a la que acudía para tratar la depresión. Cuando junto a su terapeuta pudo aprender y analizar el rasgo, dice que lo primero que sintió fue alivio. Transcribo las propias palabras de Irene:
 

“Cuando era pequeña me llamaban repetidamente sensible, intensa,

cursi y maniática. Siempre me lo tomé como algún tipo de insulto, pues

veía la cara de desaprobación en las personas que me lo decían (padres,

profesores, amistades…) Esto hacía que una y otra vez me preguntase a mí misma

qué me pasaba, por qué no podía ser igual que los demás. Ser diferente me hacía

sentir débil y yo quería ser igual de fuerte que los demás. Pero no lograba que

las cosas me resbalasen. Cuando mi hermana y mi hermano se enfadaban o se

entristecían por alguna causa, sentía el dolor como si fuera mío. Cuando

cometía errores en el colegio, en la universidad o en el trabajo, los

interiorizaba de mala manera, pues el perfeccionismo me hacía sentir culpable.

Fue tanta la culpabilidad que llegué a sentir y el miedo a que mis superiores

vieran mi “piel fina” que decidí renunciar antes de hacer públicas mis rarezas.

Por eso creo que caí en la depresión. Ahora entiendo de dónde viene todo y

estoy aprendiendo estrategias para aprender a poner límites a la

sobre-estimulación. De haberlo sabido antes, hubiera podido procurarme

herramientas para trabajar en ello. Pero nunca es tarde para reconducir el

camino. Ha sido un gran alivio conocer el rasgo.”

 

El problema de la Alta Sensibilidad es que mal gestionada aumenta las probabilidades de sufrir algún tipo de trastorno mental como ansiedad, depresión o ataques de pánico. No obstante, bien asumida e integrada en la vida de una persona, significa personas con un excelente potencial de gestionar bien sus emociones y de ayudar a sus semejantes.

Como vemos en el caso de Irene, las PAS se preocupan por hacer un buen trabajo. De hecho, su nivel de responsabilidad y su implicación con un objetivo les hace trabajadores natos. Les gusta aportar y ver que esas aportaciones mejoran el ambiente laboral. No obstante, no les gusta ser el centro de atención. Necesitan espacio. Y es por eso que no se las suele ver en ambientes competitivos, buscando sobresalir o llamar la atención de los superiores. Ellas simplemente hacen su trabajo porque sienten que eso ayuda al resto y sobre todo se esfuerzan al máximo por hacerlo lo mejor posible (muchas veces rayando en un perfeccionismo exagerado).


Cuando alguien dice que las PAS “piensan mucho” se les escapa algo esencial. Y es que las PAS se fijan en los detalles en los que otros no se fijan. Captan los matices en el entorno y en las personas. A veces, llevadas por la empatía, incluso sienten las emociones de quienes les rodean. Algunas PAS nos cuentan que cuando entran en una habitación, detectan enseguida el ambiente y en muchas ocasiones su foco de atención se centra en esa persona o personas que emanan la energía que perciben. Si es positiva, se alegran como si ellas mismas fueran las protagonistas de la historia. Pero si la energía es negativa, tratarán por todos los medios de que esa persona se sienta mejor. No tanto por su carácter compasivo. Sino porque ayudándola a sentirse mejor, ellas mismas se sienten mejor.
 

No obstante, en un mundo donde parece que todos estamos en una carrera, dándonos codazos para avanzar por delante de los demás…, muchas PAS pasan su existencia preocupadas por esconder esta forma de ser.  Además, hay muchas tendencias sociales que ven de forma negativa cualquier tipo de expresión de emocionalidad, por lo que con cierta frecuencia las PAS se apartan de los demás de manera instintiva, con el objetivo de desprenderse de esa emocionalidad que no les corresponde y de la que sin embargo se percatan. Pero no siempre es fácil, sobre todo si no han aprendido a gestionar su temperamento. Lo que tiene que aprender la PAS es que NO ES SU RESPONSABILIDAD el cómo la otra persona se sienta y sobre todo debe aprender a poner límites.

 

Lo único que desea una PAS es dejar de ser juzgada por “darle muchas vueltas a las cosas”. Pues es necesario que todos sepamos que ese “darle muchas vueltas a las cosas” forma parte de la dinámica en la que funciona su cerebro y si bien pueden modularlo lo que no pueden es negarlo. A ver…, pensar, pensamos todos. Y en muchos casos, nos cuesta desconectar de esa narrativa interna. Incluso si no lo modulamos podemos llegar a creer que esos pensamientos son la realidad. Pero esto nos puede pasar a todos independientemente del grado de sensibilidad. Y aprender a poner distancia entre “TU YO” y “TUS PENSAMIENTOS” es una de las tareas más difíciles con las que tiene que lidiar el hombre moderno. Lo importante es no caer en el bucle de los pensamientos rumiativos.

 

Tanto si eres una PAS como si no, aquí te ponemos 9 estrategias fáciles que te ayudarán a poner distancia entre tú y tus pensamientos:


1. Regálate espacio entre tarea y tarea solo para respirar. Date 5 minutos. Puedes incluso hacer estiramientos, darte un masaje, salir a tomar el aire… Cualquier cosa que te ponga  contacto con el aquí y el ahora y puedas observar que en ese mismo momento no hay ningún “toro furioso” a punto de embestirte.

2. Haz ejercico físico de moderada-alta intensidad. Está demostrado que el ejercicio físico puede ser una forma efectiva de desconectar de los pensamientos. Pero tiene que ser una actividad de cierta intensidad. No es suficiente con salir a caminar en contemplación. Hay que caminar a buen ritmo, correr, hacer aeróbicos, por ejemplo. El ejercicio resetea tu mente y te ayuda a liberar endorfinas, lo que reduce el dolor, el estrés y la ansiedad y sobre toso mejorar tu estado de ánimo.

3. Ponte un horario. No hace falta que lleves un calendario como en el cole pero si trata de llevar un orden del día para cada actividad en tu jornada y trata de cumplirlo lo más que puedas. Establecer un horario te permitirá tener “llegar” a todo aquello que sea “importante” dejando lo “urgente” para lo que realmente lo sea. Marca unas horas para tus obligaciones y sobre todo para ti y tus aficiones. Ajústate al máximo a esos horarios y cúmplelos, sin excusas y sobre todo sin sentimientos de culpabilidad.

4. Conversa con tu persona de confianza. Hablar con alguien de confianza es la mejor forma de sacar los pensamientos de tu cabeza. Y muchas veces, decir en voz alta eso que te preocupa hace que pierda fuerza. Busca a un amigo o familiar cercano y habla sobre cómo te sientes y lo que te está preocupando. Dile que no le estás pidiendo que te solucione nada solo que te escuche.

5. Ponle hora a las preocupaciones. Cuando te asalten los pensamientos sobre tus problemas, di “ahora no, a tal hora”. Y a esa hora dedicas tiempo para pensar en lo que te preocupa y a mirar de buscarle una solución práctica. No es la idea de regodearse ese tiempo en los problemas sino de poner foco en cómo resolver la situación. Ponlo por escrito para que veas como las mismas se relativizan y más que problemas se convierten en retos. Colocando un horario a los pensamientos rumiativos logras que las preocupaciones no afecten el resto del día y eso te permite ser más efectivo a la hora de darles solución.

6. Sal de tu rutina y sobre todo del ambiente que te genera las preocupaciones. Para buscar la solución a un problema en el trabajo, quedarte 12-14 horas en tu escritorio no va a mejorar el asunto. Lo mismo, si el problema está en casa. Ve a lugares diferentes, como un parque que no conozcas, una cafetería nueva o un lugar de tu localidad que no hayas visitado. Hacer cosas distintas y alternativas te ayudará a poner tu cerebro en modo “curioso” analizando las novedades y por tanto retira las preocupaciones por un tiempo.

7. Apaga el móvil ciertas horas del día. Tú eliges. Pero lo ideal es que al menos lo desactives durante las horas del sueño. La idea es no obviar las preocupaciones poniendo distracciones a tu atención. Eso no hace que las preocupaciones se vayan y lo peor es que dada las manera de comunicarse hoy en día, es muy probable que la información que recibas por el móvil lo que logre es crearte nuevas. Por eso no dudes en realizar ayunos de tecnología en tu agenda diaria.

8. Dale rienda suelta a tu creatividad. Las actividades creativas como pintar, dibujar, escribir o tocar un instrumento también pueden ayudarte a desconectar de tus pensamientos o al menos a canalizarlos. Estas actividades te ayudan a concentrarte en la tarea que tienes enfrente y te permiten ver el mundo desde otra perspectiva.

9. Lleva un diario de gratitud. Agradece lo que haces, y también todas las cosas buenas que te van ocurriendo en el día a día. Esfuérzate al menos en 3 frases de agradecimiento. Puedes empezar agradeciendo eventos del pasado o del presente. Y paso a paso, incluso dar las gracias por cosas que no han sucedido. El cerebro no distingue a la perfección lo real de lo imaginario, pero sí sabe procesar la sensación de recompensa por medio del agradecimiento.

 

Lorea Zubiaga MD PhD

Ms Neurociencias

Lorea Zubiaga es Investigadora Biomédica y

Directora de Formación de PAS España

Fuentes

  1. Serrano C, Andreu Y, Murgui S. The Big Five and subjective wellbeing: The mediating role of optimism. Psicothema. 2020 Aug;32(3):352-358.
  2. Neff KD. Self-Compassion: Theory, Method, Research, and Intervention. Annu Rev Psychol. 2023 Jan 18;74:193-218.
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