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Me emociono ergo Recuerdo (Por la Dra. Lorea Zubiaga)

3 de mayo de 2024 sensibil Comments Off

Cuando se habla de EMOCIONES muchos lo llevan al campo subjetivo cuando en Ciencia la EMOCIÓN es un concepto netamente bioquímico.

EMOCIÓN es la reacción biológica (señales bioquímicas) que genera un organismo ante una evento externo o interno. En este sentido, los diversos estados emocionales de los seres vivos son causados por la liberación de sustancias (en el ser humano neuromediadores u hormonas) que reaccionan con sus “tejidos diana”, es decir el tejido específico donde va a cumplir una función.

Uno de los pioneros en el estudio de las emociones fue el psicólogo Paul Ekman. Ekman estudió las emociones y su relación con las expresiones no verbales, específicamente las expresiones faciales. Si bien los aportes de Ekman no fueron bien recibidos por toda la comunidad científica, lo cierto es que hoy en día sus aportes son de gran relevancia. Desde el punto de vista netamente biológico, Ekman clasificó en un primer momento las emociones en dos grupos: emociones primarias, también conocidas como básicas, y emociones secundarias o complejas.

 

Paul Ekman

Fuente: Wikipedia

Las emociones básicas son innatas en los seres vivos, porque tienen como objetivo ayudar a la perpetuación de una especie, favorecer las relaciones con sus semejantes o ante depredadores o incluso acercar al individuo a sensaciones placenteras que ayuden a su reproducción. En conclusión, las emociones básicas son fundamentales en los procesos de adaptación. Y en el caso de los seres humanos las poseemos al margen de nuestra cultura, ambiente, temperamento o personalidad. En 1979 Ekman teorizó que la expresión facial podría definir las emociones básicas en seis posibilidades:  tristeza, felicidad, sorpresa, asco, miedo e ira.

Su teoría se fundamenta en que los músculos faciales que se mueven cuando tiene lugar un particular evento son los mismos, es decir, la reacción biológica o señales bioquímicas que subyacen son las mismas independientemente de la cultura, el estímulo desencadenante, los sentimientos o afectos asociados y las normas sociales. Lo que varía entre las culturas es la interpretación de las mismas y las consecuencias conductuales.

Por otro lado, las emociones secundarias siguen a las primarias, es decir, las desarrollamos al combinar varias emociones primarias y, tienen un componente más en el consciente, por lo que con el paso del tiempo algunas personas pueden disimularlas. Contrariamente a las emociones básicas, las secundarias no presentan una tendencia particular, por lo que su detección puede pasar desapercibidas en algunas personas. Las emociones secundarias aparecen con la madurez neuronal y son fruto del desarrollo de las capacidades cognitivas y la socialización. En el grupo de emociones secundarias o complejas encontramos la vergüenza, el orgullo, el placer, el aburrimiento, la envidia, entre muchas otras. Es más. En los años 90 ‘s Ekman detalló aún más su teoría con el estudio de las microexpresiones faciales y con ello el reconocimiento de algunas emociones cambiaron de secundarias a básicas.

Como comentamos anteriormente, no toda la comunidad científica estuvo de acuerdo con Ekman. Y de hecho, le salieron muchos detractores (en especial de los estudiosos de la antropología). Es por ello que a la hora de hablar de emociones veremos decenas de clasificaciones. Por ejemplo, en la renombrada película de Disney “In and Out” sólo muestran 5 emociones básicas. Y el famoso psicólogo y escritor sobre Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, describió en sus obras 6 emociones básicas diferentes a las expuestas por Ekman. Pero en realidad, las disputas de cómo se estudian las emociones (reacciones bioquímicas) no es el objetivo de este texto. Donde quiero poner el énfasis es en la INTERPRETACIÓN de esas emociones. Y por qué esto es importante para quienes hablamos de la Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS).

En algunos estudios actuales de Alta Sensibilidad se utiliza alta tecnología (resonancia magnética funcional, electroencefalografía u otros métodos) que escudriña el funcionamiento del cerebro testando variantes de las herramientas que desarrolló Ekman en el campo de las reacciones faciales (del inglés The Facial Action Coding System (FACS)). Estas herramientas de reconocimiento emocional se han diversificado y han variado a lo largo de los años y una última actualización se publicó en 2002.  Lo interesante de las FACS es que son utilizadas en muchos contextos para definir si una persona “se emociona” con tal o cual expresión facial. La percepción de dicha emoción se demuestra por la hiperactividad de ciertas regiones del cerebro. Así pues, muchos estudios en SPS utilizan estas herramientas, sobre todo para evaluar la empatía.

Ahora pasemos a un segundo concepto: los sentimientos.
Un SENTIMIENTO es la impresión afectiva (interpretación subjetiva) que tiene una persona ante una emoción. Esta impresión afectiva (o impronta) se maneja desde la memoria autobiográfica y es un cúmulo de conceptos que nuestro cerebro aprendió a lo largo de su desarrollo, en el cual las experiencias individuales son clave. Así, interpretar si esas vivencias fueron positivas o negativas depende de cada quién. Las improntas suelen convertirse en creencias, y dichas creencias son más difíciles (que no imposibles) de gestionar porque muchas de ellas actúan desde el inconsciente.

Tendemos a usar indistintamente, los términos de emoción y sentimiento. Pero no son lo mismo. La emoción (como respuesta biológica) tiene un tiempo limitado, una durabilidad reducida e intermitente que puede variar con gran rapidez, al ser una reacción innata. En el caso de los sentimientos, la duración es mucho mayor, dado que se ha desarrollado en nuestro espacio mental a través de la memoria y se puede evocar, aunque no esté presente el evento ni la emoción que generó ese sentimiento.

La novedad en este campo es que  investigadores de la Universidad de Columbia de Nueva York han identificado un mecanismo cerebral que asocia el grabado de información con las emociones. En 2023, el equipo del profesor J. Jacobs publicó en Nature Human Behaviour, un mecanismo neuronal específico en el cerebro humano que etiqueta la información con asociaciones emocionales para mejorar la memoria. La creciente prevalencia de trastornos del déficit de memoria como la demencia (tipo Alzheimer o no) ha puesto de relieve los efectos perjudiciales que la pérdida de memoria tiene en las personas y en la sociedad. En la esquina opuesta están trastornos como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), que  también pueden presentar procesos de memoria desequilibrados, donde los eventos más insignificantes en el entorno pueden disparar memorias de emociones intensas y perturbadoras en las personas.

La mayoría de las personas recuerdan con mucha más claridad acontecimientos ligados a emociones que aquellos neutros o indiferentes. Así en un ejemplo didáctico tenemos: “Marcos recuerda perfectamente el día en que conoció a su mujer. No obstante, no hay manera de que recuerde, el modelo del sofá que ella le comentó que sería el ideal para la sala de la casa donde viven. Y no. Marcos no es un desconsiderado. Es sólo que la información sobre el sofá, para él, no iba ligada a ninguna emoción relevante y no produjo ninguna impronta en su cerebro.

En este punto, observamos otra diferencia entre emoción y sentimiento. Para que un evento se guarde en el cerebro, lo ideal es que haya una asociación clara entre emoción y experiencia.
En pocas palabras, para que el cerebro “aprenda o memorice” algo sobre un evento, la emoción y el sentimiento deberían ir de la mano. Y esta relación funcional es fácil de deducir cuando analizamos anatómicamente los núcleos cerebrales encargados de la memoria: las regiones que procesan la memoria (como el hipocampo) están adyacentes a los núcleos de las emociones (como las amígdalas cerebrales, el cíngulo o la ínsula).

¿Por qué este descubrimiento es importante para las PAS? Pues porque como comentamos en muchos de nuestros foros el cerebro PAS se activa de forma diferente ante la percepción e interpretación de la información. De hecho, las áreas que gestionan las emociones se activan con mayor facilidad en las PAS, aunque la información que se esté procesando no sea de tipo emocional. Esto ha llevado a hipotetizar que esa hiperemocionalidad de las PAS hace que tengan una memoria más agudizada. Y ¡ojo! En ningún momento se está diciendo que las PAS memoricen mejor que la media. No, eso no es lo que se sugiere.  De hecho, muchas PAS son incapaces de memorizar listas interminables de palabras o conceptos si detrás no existe “algo más” que estimule su chispa, emocionalidad o creatividad. Sin embargo, cuando algo queda registrado en su cerebro es difícil que puedan seguir consejos como: “olvídalo” “no pienses más en eso” “deja de darle vueltas” o “déjalo estar”. Si a la persona no se le ha enseñado ni entrenado en técnicas para “soltar y dejar ir” puede sentirse sobreestimulada y por tanto frustrada en la gestión de la información/emoción/sentimiento. De ahí que el acompañamiento de estas personas desde edades tempranas sea clave para que aprendan cuanto antes a filtrar y poner límites a la hiperestimulación.

Lorea Zubiaga MD PhD
Ms Neurociencias
Investigadora Biomédica y Directora de Formación de PAS España

Fuentes:

  1. Waller BM, Julle-Daniere E, Micheletta J. Measuring the evolution of facial ‘expression’ using multi-species FACS. Neurosci Biobehav Rev. 2020 Jun;113:1-11.
  2. Qasim, S.E. et al. Neuronal activity in the human amygdala and hippocampus enhances emotional memory encoding. Nat Hum Behav 2023. May;7(5):754-764.
  3. Faul L, LaBar KS. Mood-congruent memory revisited. Psychol Rev. 2023 Nov;130(6):1421-1456.