Juan Tamariz pertenecía al tipo de personas que no sólo dejan recuerdos, sino algo todavía más profundo: una emoción.
Hoy despedimos a uno de los grandes maestros de la magia, pero también a un hombre que hizo del asombro, del humor y de la conexión con los demás una manera de estar en el mundo. porque la magia de Tamariz nunca estuvo únicamente en las cartas… estaba en su mirada.
En aquella sonrisa que parecía anticipar que algo maravilloso estaba a punto de ocurrir. En su manera de acercarse al público. En su capacidad para romper distancias y convertir a un desconocido en cómplice de una experiencia compartida.
Necesitamos conservar espacios en los que la lógica deje paso, aunque sea durante unos instantes, a la imaginación. Lugares donde podamos volver a mirar el mundo con curiosidad, permitirnos jugar, reír y emocionarnos.
Desde la Alta Sensibilidad, queremos recordar especialmente esa capacidad para percibir y provocar emociones. Las personas altamente sensibles sabemos que existen experiencias aparentemente pequeñas capaces de adquirir una enorme profundidad: una mirada, una sonrisa, una melodía, un gesto inesperado, una conversación o ese instante maravilloso en el que algo nos sorprende y consigue detener durante unos segundos todo lo demás.
Eso también era la magia de Juan Tamariz. Su humor no alejaba: acercaba. Su extravagancia no construía barreras: las derribaba. Y detrás del personaje reconocible, del pelo rebelde, las gafas, la chistera y aquel inolvidable violín imaginario, había una extraordinaria capacidad para comprender al espectador y conducirlo hacia una emoción compartida.
Quizá por eso varias generaciones sentimos que Tamariz forma parte de nuestros recuerdos. Nos hizo reír… Nos hizo sorprendernos… Nos hizo dudar de lo imposible… Pero, sobre todo, nos hizo sentir.
Y pocas cosas conectan tanto con la sensibilidad como la capacidad de seguir maravillándonos ante aquello que no comprendemos completamente.
Hoy desaparece el hombre, pero permanece algo que ningún truco puede hacer desaparecer: la emoción que dejó en los demás. Quizá ese sea el secreto de la verdadera magia. Conseguir que, durante unos instantes, alguien vuelva a mirar el mundo como cuando era niño.
Gracias, Juan, por recordarnos durante tantos años que todavía podemos sorprendernos. Gracias por las risas, por la cercanía, por la imaginación y por convertir la magia en una experiencia profundamente humana.
Hoy tu violín imaginario suena un poco más lejos. Pero quienes alguna vez sonreímos escuchándolo sabemos que hay trucos que terminan… y emociones que no desaparecen nunca.
Desde PAS ESPAÑA, nuestro cariño y nuestras condolencias a su familia, amigos, compañeros y a toda la gran familia de la magia. Hasta siempre, maestro. 🎩✨
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Juan Tamariz: la magia de hacernos sentir
Juan Tamariz pertenecía al tipo de personas que no sólo dejan recuerdos, sino algo todavía más profundo: una emoción.
Hoy despedimos a uno de los grandes maestros de la magia, pero también a un hombre que hizo del asombro, del humor y de la conexión con los demás una manera de estar en el mundo. porque la magia de Tamariz nunca estuvo únicamente en las cartas… estaba en su mirada.
En aquella sonrisa que parecía anticipar que algo maravilloso estaba a punto de ocurrir. En su manera de acercarse al público. En su capacidad para romper distancias y convertir a un desconocido en cómplice de una experiencia compartida.
Tamariz entendió algo profundamente humano: necesitamos seguir sorprendiéndonos.
Necesitamos conservar espacios en los que la lógica deje paso, aunque sea durante unos instantes, a la imaginación. Lugares donde podamos volver a mirar el mundo con curiosidad, permitirnos jugar, reír y emocionarnos.
Desde la Alta Sensibilidad, queremos recordar especialmente esa capacidad para percibir y provocar emociones. Las personas altamente sensibles sabemos que existen experiencias aparentemente pequeñas capaces de adquirir una enorme profundidad: una mirada, una sonrisa, una melodía, un gesto inesperado, una conversación o ese instante maravilloso en el que algo nos sorprende y consigue detener durante unos segundos todo lo demás.
Eso también era la magia de Juan Tamariz. Su humor no alejaba: acercaba. Su extravagancia no construía barreras: las derribaba. Y detrás del personaje reconocible, del pelo rebelde, las gafas, la chistera y aquel inolvidable violín imaginario, había una extraordinaria capacidad para comprender al espectador y conducirlo hacia una emoción compartida.
Quizá por eso varias generaciones sentimos que Tamariz forma parte de nuestros recuerdos. Nos hizo reír… Nos hizo sorprendernos… Nos hizo dudar de lo imposible… Pero, sobre todo, nos hizo sentir.
Y pocas cosas conectan tanto con la sensibilidad como la capacidad de seguir maravillándonos ante aquello que no comprendemos completamente.
Hoy desaparece el hombre, pero permanece algo que ningún truco puede hacer desaparecer: la emoción que dejó en los demás. Quizá ese sea el secreto de la verdadera magia. Conseguir que, durante unos instantes, alguien vuelva a mirar el mundo como cuando era niño.
Gracias, Juan, por recordarnos durante tantos años que todavía podemos sorprendernos. Gracias por las risas, por la cercanía, por la imaginación y por convertir la magia en una experiencia profundamente humana.
Hoy tu violín imaginario suena un poco más lejos. Pero quienes alguna vez sonreímos escuchándolo sabemos que hay trucos que terminan… y emociones que no desaparecen nunca.
Desde PAS ESPAÑA, nuestro cariño y nuestras condolencias a su familia, amigos, compañeros y a toda la gran familia de la magia. Hasta siempre, maestro. 🎩✨
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