Muchas veces atribuimos a la sensibilidad del procesamiento sensorial lo que nos sucede, pensamos que, de manera inevitable, estamos condenados al sufrimiento debido a la intensidad de nuestros sentimientos.
¿Pensáis que las personas que no son PAS no sufren? Sabemos que sí, sabemos que no sufren como nosotros, pero no podemos negar que, también a ellos les pasa la vida por encima: ellos también sufren las heridas de la infancia del rechazo, del abandono, de la injusticia, la humillación y la traición, y si todo esto es una verdad incuestionable, entonces también es verdad que nuestra SPS no nos hace sufrir:
Lo que nos hace sufrir son las heridas, las mismas heridas que sufren las personas no PAS;
Lo que nos hace sufrir, es no saber gestionar la intensidad con la que procesamos las heridas a raíz de nuestra empatía, de nuestra sensibilidad, de nuestro procesamiento profundo de la información, o sea, de los caracteres inherentes a una PAS.
¿Y si le damos la vuelta a nuestra empatía y nos miramos con la misma compasión con la que vemos las heridas de los demás? ¿Y si transformamos nuestro procesamiento profundo de la información en una poderosa herramienta para nuestro autoconocimiento e integrar nuestras heridas? ¿Y si fuera la SPS un don, una habilidad, un regalo de Dios que se nos ha dado para sanar nuestras heridas y llenarnos de amor hacia nosotros mismos y hacia los demás?
El camino para mirarse a uno mismo es el mismo para todos los seres humanos: se trata de hacernos cargo de nuestras heridas, de transformar nuestro ego herido en un ego que nos ayude a lograr nuestros propósitos, se trata de mirarte con compasión para abrazar a nuestra niña, a nuestro niño perdido que se quedó olvidado esperando a que nuestro Yo adulto, genere otros recursos más afines con nosotros mismos para afrontar y sostener la vida, y también para disfrutarla.
Os cuento un secreto: hay un paradigma desde el que podemos observarnos a nosotros mismos para ver de qué heridas venimos, y son las relaciones de pareja. En el desamor que sentimos en nuestras relaciones de pareja, tenemos un espejo perfecto para descubrir a nuestro niño/a interior, a ese niño/a que se esconde detrás de las heridas que no sanamos y que está deseando que hagamos algo para reencontrarnos. Mirándonos a través de nuestras relaciones de pareja tenemos una oportunidad perfecta para, aprovechar los recursos que nos da nuestra SPS y usarlos con inteligencia, como herramienta hacia nuestro mayor bien, hacia ese reencuentro con nosotros mismos, con nuestro amor propio. ¿Creéis que no es posible? Leed mi libro. Os espero dentro.
¿Y SI LA SENSIBILIDAD DEL PROCESAMIENTO SENSORIAL FUERA UN DON?
Muchas veces atribuimos a la sensibilidad del procesamiento sensorial lo que nos sucede, pensamos que, de manera inevitable, estamos condenados al sufrimiento debido a la intensidad de nuestros sentimientos.
¿Pensáis que las personas que no son PAS no sufren? Sabemos que sí, sabemos que no sufren como nosotros, pero no podemos negar que, también a ellos les pasa la vida por encima: ellos también sufren las heridas de la infancia del rechazo, del abandono, de la injusticia, la humillación y la traición, y si todo esto es una verdad incuestionable, entonces también es verdad que nuestra SPS no nos hace sufrir:
¿Y si le damos la vuelta a nuestra empatía y nos miramos con la misma compasión con la que vemos las heridas de los demás? ¿Y si transformamos nuestro procesamiento profundo de la información en una poderosa herramienta para nuestro autoconocimiento e integrar nuestras heridas? ¿Y si fuera la SPS un don, una habilidad, un regalo de Dios que se nos ha dado para sanar nuestras heridas y llenarnos de amor hacia nosotros mismos y hacia los demás?
El camino para mirarse a uno mismo es el mismo para todos los seres humanos: se trata de hacernos cargo de nuestras heridas, de transformar nuestro ego herido en un ego que nos ayude a lograr nuestros propósitos, se trata de mirarte con compasión para abrazar a nuestra niña, a nuestro niño perdido que se quedó olvidado esperando a que nuestro Yo adulto, genere otros recursos más afines con nosotros mismos para afrontar y sostener la vida, y también para disfrutarla.
Os cuento un secreto: hay un paradigma desde el que podemos observarnos a nosotros mismos para ver de qué heridas venimos, y son las relaciones de pareja. En el desamor que sentimos en nuestras relaciones de pareja, tenemos un espejo perfecto para descubrir a nuestro niño/a interior, a ese niño/a que se esconde detrás de las heridas que no sanamos y que está deseando que hagamos algo para reencontrarnos. Mirándonos a través de nuestras relaciones de pareja tenemos una oportunidad perfecta para, aprovechar los recursos que nos da nuestra SPS y usarlos con inteligencia, como herramienta hacia nuestro mayor bien, hacia ese reencuentro con nosotros mismos, con nuestro amor propio. ¿Creéis que no es posible? Leed mi libro. Os espero dentro.
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