ACOMPAÑAR LA SINGULARIDAD PERSONAL
Por Paula María Núñez Sánchez,
miembro del Comité Científico de PAS España
Cada persona es única en todo su ser. Lo creemos, lo entendemos y, en general, ‘lo sabemos’. Sin embargo, ¿cómo afecta esto a nuestra forma de vivir?
Tú eres único, con todo lo que implica. En tu biología, en tu psicología, en tu espíritu, en tu modo de relacionarte con los demás: no hay otra persona igual que tú. Y la sensibilidad está presente en todo lo que vives. Mírate al espejo. Tienes delante la apariencia externa de una originalidad que invade lo que se ve y también lo mucho que no se ve, empapando toda tu historia personal: genes, pensamientos, emociones, recuerdos, relaciones, sueños, cicatrices, narrativa, hábitos, ideas, y hasta huellas dactilares exclusivas.
¿Sorprendido? Pues mira a tu alrededor: el que tienes al lado también es único. Parece una obviedad, lo sé, pero ponle nombre y apellidos y verás… Me refiero a tu compañero de trabajo, a tu madre, al conductor del autobús, a tu mejor amiga, a tu hermano, al chef de vuestro restaurante favorito, por supuesto, a tus hijos; y también a tu paciente, a tus alumnos, a cada uno de tus clientes, y hasta a mí misma que escribo esto para ti. Todos somos originales e irrepetibles, y nuestra sensibilidad también lo es. De hecho, la relación entre la sensibilidad y la identidad es un tema apasionante del que ojalá hablemos en otra ocasión.
La sensibilidad a la que me refiero es una potencialidad personal en la que participan los tres componentes constitutivos de la psique humana: cognitivo, afectivo y volitivo. Y que no se limita a la condición psíquica. Se trata de una capacidad de nuestro “ser” que se hace realidad a través del “estar”, es decir, mediada por nuestra condición física, y que nos trasciende (GARCÍA y NÚÑEZ- SÁNCHEZ, 2022). Somos sensibles en cuerpo, psique y espíritu; por eso podemos decir que somos sensibles en todo lo que somos.
Ahora hagamos un pequeño ejercicio, es sencillo. Mira hacia tu interior, pensando en tu manera exclusiva de estar en el mundo. ¿Qué percibes cuando alguien tiene en cuenta tu forma original de ser, que incluye tu sensibilidad? ¿Y cómo te sientes cuando no se tiene en cuenta? ¿Qué dirías que marca la diferencia?
Mírate ahora hacia afuera: ¿Qué puedes decir de tu modo de relacionarte con los que te rodean? ¿En qué medida su sensibilidad está presente en tu trato hacia ellos, en las decisiones que haces respecto de cada persona, en tus comentarios? ¿Te gustaría que ellos fueran más sensibles a quién eres tú?
Como profesionales, y como personas, tenemos la responsabilidad de aceptar la singularidad personal de los demás y de acogerla adecuadamente. Como hemos visto, cada persona es única en todo su ser y es esencial darse cuenta del valor de cada ser humano y de la importancia de su sensibilidad en las relaciones que establecemos en el día a día. Por eso necesitamos el acompañamiento.
El acompañamiento hoy
El mundo atraviesa un momento evidente de cambio en el que se habla con frecuencia de nuevas metodologías, y en todas ellas, se tiene presente una nueva forma de relación entre el profesional y las personas con las que trata: compañeros, clientes, alumnos, pacientes, familiares… Son muchas las propuestas que intentan responder a esta necesidad, agudizada con la pandemia y la irrupción de lo digital en nuestras vidas: coaching, mentoring, counselling… Como buscadores que somos, queremos prepararnos para saber a qué atenernos, con la formación adecuada, y no siempre es fácil encontrar la respuesta que necesitamos. El extraordinario acceso a la información que hoy tenemos incluye también el riesgo de adoptar una visión fragmentada de cualquier cuestión. Esto puede pasar incluso cuando se trata de nosotros mismos: no somos solo emociones, ni nuestra forma de vivir depende exclusivamente de reacciones químicas… Somos más que espíritu, y que cuerpo, y que mente… Cuando un enfoque rechaza una dimensión o idealiza otra, algo se está perdiendo, pues somos una unidad. Para evitar ese riesgo y saber cómo abordarlo, es necesaria una visión integral e integradora de la persona (DE JESÚS, 2019).
Como seres humanos, somos seres sociales, relacionales por naturaleza, que vivimos en interdependencia con otros. De hecho, todos somos acompañados y a la vez acompañamos personas, aunque no seamos conscientes, desde que llegamos a este mundo. Además, algunos acompañan de un modo formal, incluso profesionalmente. En cualquier caso, podemos ir percibiendo que el acompañamiento es mucho más que una función. De hecho, se trata de una respuesta a la medida del ser humano. La cultura de acompañamiento, por tanto, es el paradigma en el que los encuentros personales, en cualquier actividad humana, son espacios de verdadero crecimiento y desarrollo. Se trata, ni más ni menos, que de una forma de vivir.
El acompañamiento es un estilo de vida
Toda persona está hecha para acompañar y para ser acompañada, y por eso el acompañamiento es una respuesta antropológica a una necesidad humana. Se trata de un estilo de vida que entiende el encuentro como movilizador del crecimiento de la persona y el acompañamiento como respuesta que sostiene todo el proceso vital. Se integra así una antropología personalista y una pedagogía relacional (GONZÁLEZ y DE LA CALLE, 2020).
Este estilo de relación se apoya en cuatro condiciones imprescindibles: la mirada, la escucha, el perdón y la esperanza; que conviene explorar y ejercitar en profundidad para que realmente se produzca una transformación en el modo de relacionarlos. Y todo ello considerando la familia, la vulnerabilidad y el sufrimiento como ámbitos particulares que hacen singular la existencia de cada persona.
La misión de acompañar se fundamenta en la antropología, la psicología y la pedagogía como base de las relaciones humanas que verdaderamente nos hacen crecer. Su alcance traspasa incluso el espacio educativo, aunque sea en este ámbito privilegiado donde muchos hemos podido descubrir su dinamismo interno y sus condiciones esenciales.
Desde mi experiencia en este campo, puedo afirmar que la revolución humana que la sociedad necesita pasa por abrazar una cultura de acompañamiento auténtico, que nos acoja con todo lo que somos y lo que traemos, nos ayude a ser nosotros
mismos y nos impulse a ser aún mejores. Estoy hablando de mejorar el mundo, así es, pero con el realismo de aportar lo que esté a nuestro alcance, y hacerlo con sentido. ¿Por dónde podríamos empezar?
El acompañamiento, la sensibilidad y el rasgo PAS
Acompañar adecuadamente a cada persona supone ser consciente del don que cada persona es. También del don que supone su sensibilidad, y en particular, de quienes la han recibido con el rasgo PAS. Las buenas intenciones y la intuición ayudan, aunque muchas veces no son suficiente. Como profesionales, es importante que nuestra preparación nos permita estar a la altura de las necesidades de cada persona, que merece lo mejor de nuestro trabajo. Para ser un profesional PAS debo formarme y conocer las características del rasgo, y PAS España nos ofrece un Programa de formación específico, cuya certificación nos reconoce como profesionales de la alta sensibilidad.
Para acompañar desde un enfoque integral y hacerlo adecuadamente también necesitamos conocer a fondo en qué consiste el acompañamiento personal. Es esencial comprender la etapa vital de la persona que acompañamos, entendiendo sus retos, conociendo sus límites y adquiriendo las claves necesarias: “encarnar” el método y aprehender el ADN que inspira y hace posible este estilo relacional. Acompañar es un arte que se debe ejercer con pasión, habilidad y eficacia. La Universidad en la que trabajo está preparando ya la 8ª edición del Máster enAcompañamiento y me parece una oportunidad excepcional para seguir creciendo y haciendo crecer a los que nos rodean. Es realmente impresionante como profesionales con perfil senior de diversos ámbitos laborales (educativo, sanitario, asistencial, deportivo, empresarial…) nos sentimos llamados a esta renovación y estamos transformando nuestra manera de relacionarnos. Nos une un denominador común: labores de responsabilidad en la formación, desarrollo y crecimiento de personas o equipos, junto a la voluntad de renovar creativamente y con provecho las relaciones con ellas. Un viaje apasionante, en el que la sensibilidad y los profesionales PAS tenemos mucho que aportar. ¿Te vienes?
Investigador predoctoral URJC Instituto de Acompañamiento UFV
Fuentes:
DE JESÚS, Ruth: La importancia de comprender los procesos de formación de la identidad para desarrollar una educación centrada en la persona, integral e integradora, CUICIID.
GARCÍA, Angélica y NÚÑEZ-SÁNCHEZ, Paula: Formar la sensibilidad como base de la relación, en Educar a través del acompañamiento y la relación. OCTAEDRO.
GONZÁLEZ IGLESIAS, Sonia, y DE LA CALLE MALDONADO, Carmen: El acompañamiento educativo, una mirada ampliada desde la antropología personalista, En Scientia et Fides, vol. 8, 2020, en https://doi.org/10.12775/SetF.2020.012
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Acompañar la singularidad personal
ACOMPAÑAR LA SINGULARIDAD PERSONAL Por Paula María Núñez Sánchez, miembro del Comité Científico de PAS España
Cada persona es única en todo su ser. Lo creemos, lo entendemos y, en general, ‘lo sabemos’. Sin embargo, ¿cómo afecta esto a nuestra forma de vivir?
Tú eres único, con todo lo que implica. En tu biología, en tu psicología, en tu espíritu, en tu modo de relacionarte con los demás: no hay otra persona igual que tú. Y la sensibilidad está presente en todo lo que vives. Mírate al espejo. Tienes delante la apariencia externa de una originalidad que invade lo que se ve y también lo mucho que no se ve, empapando toda tu historia personal: genes, pensamientos, emociones, recuerdos, relaciones, sueños, cicatrices, narrativa, hábitos, ideas, y hasta huellas dactilares exclusivas.
¿Sorprendido? Pues mira a tu alrededor: el que tienes al lado también es único. Parece una obviedad, lo sé, pero ponle nombre y apellidos y verás… Me refiero a tu compañero de trabajo, a tu madre, al conductor del autobús, a tu mejor amiga, a tu hermano, al chef de vuestro restaurante favorito, por supuesto, a tus hijos; y también a tu paciente, a tus alumnos, a cada uno de tus clientes, y hasta a mí misma que escribo esto para ti. Todos somos originales e irrepetibles, y nuestra sensibilidad también lo es. De hecho, la relación entre la sensibilidad y la identidad es un tema apasionante del que ojalá hablemos en otra ocasión.
La sensibilidad a la que me refiero es una potencialidad personal en la que participan los tres componentes constitutivos de la psique humana: cognitivo, afectivo y volitivo. Y que no se limita a la condición psíquica. Se trata de una capacidad de nuestro “ser” que se hace realidad a través del “estar”, es decir, mediada por nuestra condición física, y que nos trasciende (GARCÍA y NÚÑEZ- SÁNCHEZ, 2022). Somos sensibles en cuerpo, psique y espíritu; por eso podemos decir que somos sensibles en todo lo que somos.
Ahora hagamos un pequeño ejercicio, es sencillo. Mira hacia tu interior, pensando en tu manera exclusiva de estar en el mundo. ¿Qué percibes cuando alguien tiene en cuenta tu forma original de ser, que incluye tu sensibilidad? ¿Y cómo te sientes cuando no se tiene en cuenta? ¿Qué dirías que marca la diferencia?
Mírate ahora hacia afuera: ¿Qué puedes decir de tu modo de relacionarte con los que te rodean? ¿En qué medida su sensibilidad está presente en tu trato hacia ellos, en las decisiones que haces respecto de cada persona, en tus comentarios? ¿Te gustaría que ellos fueran más sensibles a quién eres tú?
Como profesionales, y como personas, tenemos la responsabilidad de aceptar la singularidad personal de los demás y de acogerla adecuadamente. Como hemos visto, cada persona es única en todo su ser y es esencial darse cuenta del valor de cada ser humano y de la importancia de su sensibilidad en las relaciones que establecemos en el día a día. Por eso necesitamos el acompañamiento.
El acompañamiento hoy
El mundo atraviesa un momento evidente de cambio en el que se habla con frecuencia de nuevas metodologías, y en todas ellas, se tiene presente una nueva forma de relación entre el profesional y las personas con las que trata: compañeros, clientes, alumnos, pacientes, familiares… Son muchas las propuestas que intentan responder a esta necesidad, agudizada con la pandemia y la irrupción de lo digital en nuestras vidas: coaching, mentoring, counselling… Como buscadores que somos, queremos prepararnos para saber a qué atenernos, con la formación adecuada, y no siempre es fácil encontrar la respuesta que necesitamos. El extraordinario acceso a la información que hoy tenemos incluye también el riesgo de adoptar una visión fragmentada de cualquier cuestión. Esto puede pasar incluso cuando se trata de nosotros mismos: no somos solo emociones, ni nuestra forma de vivir depende exclusivamente de reacciones químicas… Somos más que espíritu, y que cuerpo, y que mente… Cuando un enfoque rechaza una dimensión o idealiza otra, algo se está perdiendo, pues somos una unidad. Para evitar ese riesgo y saber cómo abordarlo, es necesaria una visión integral e integradora de la persona (DE JESÚS, 2019).
Como seres humanos, somos seres sociales, relacionales por naturaleza, que vivimos en interdependencia con otros. De hecho, todos somos acompañados y a la vez acompañamos personas, aunque no seamos conscientes, desde que llegamos a este mundo. Además, algunos acompañan de un modo formal, incluso profesionalmente. En cualquier caso, podemos ir percibiendo que el acompañamiento es mucho más que una función. De hecho, se trata de una respuesta a la medida del ser humano. La cultura de acompañamiento, por tanto, es el paradigma en el que los encuentros personales, en cualquier actividad humana, son espacios de verdadero crecimiento y desarrollo. Se trata, ni más ni menos, que de una forma de vivir.
El acompañamiento es un estilo de vida
Toda persona está hecha para acompañar y para ser acompañada, y por eso el acompañamiento es una respuesta antropológica a una necesidad humana. Se trata de un estilo de vida que entiende el encuentro como movilizador del crecimiento de la persona y el acompañamiento como respuesta que sostiene todo el proceso vital. Se integra así una antropología personalista y una pedagogía relacional (GONZÁLEZ y DE LA CALLE, 2020).
Este estilo de relación se apoya en cuatro condiciones imprescindibles: la mirada, la escucha, el perdón y la esperanza; que conviene explorar y ejercitar en profundidad para que realmente se produzca una transformación en el modo de relacionarlos. Y todo ello considerando la familia, la vulnerabilidad y el sufrimiento como ámbitos particulares que hacen singular la existencia de cada persona.
La misión de acompañar se fundamenta en la antropología, la psicología y la pedagogía como base de las relaciones humanas que verdaderamente nos hacen crecer. Su alcance traspasa incluso el espacio educativo, aunque sea en este ámbito privilegiado donde muchos hemos podido descubrir su dinamismo interno y sus condiciones esenciales.
Desde mi experiencia en este campo, puedo afirmar que la revolución humana que la sociedad necesita pasa por abrazar una cultura de acompañamiento auténtico, que nos acoja con todo lo que somos y lo que traemos, nos ayude a ser nosotros
mismos y nos impulse a ser aún mejores. Estoy hablando de mejorar el mundo, así es, pero con el realismo de aportar lo que esté a nuestro alcance, y hacerlo con sentido. ¿Por dónde podríamos empezar?
El acompañamiento, la sensibilidad y el rasgo PAS
Acompañar adecuadamente a cada persona supone ser consciente del don que cada persona es. También del don que supone su sensibilidad, y en particular, de quienes la han recibido con el rasgo PAS. Las buenas intenciones y la intuición ayudan, aunque muchas veces no son suficiente. Como profesionales, es importante que nuestra preparación nos permita estar a la altura de las necesidades de cada persona, que merece lo mejor de nuestro trabajo. Para ser un profesional PAS debo formarme y conocer las características del rasgo, y PAS España nos ofrece un Programa de formación específico, cuya certificación nos reconoce como profesionales de la alta sensibilidad.
Para acompañar desde un enfoque integral y hacerlo adecuadamente también necesitamos conocer a fondo en qué consiste el acompañamiento personal. Es esencial comprender la etapa vital de la persona que acompañamos, entendiendo sus retos, conociendo sus límites y adquiriendo las claves necesarias: “encarnar” el método y aprehender el ADN que inspira y hace posible este estilo relacional. Acompañar es un arte que se debe ejercer con pasión, habilidad y eficacia. La Universidad en la que trabajo está preparando ya la 8ª edición del Máster en Acompañamiento y me parece una oportunidad excepcional para seguir creciendo y haciendo crecer a los que nos rodean. Es realmente impresionante como profesionales con perfil senior de diversos ámbitos laborales (educativo, sanitario, asistencial, deportivo, empresarial…) nos sentimos llamados a esta renovación y estamos transformando nuestra manera de relacionarnos. Nos une un denominador común: labores de responsabilidad en la formación, desarrollo y crecimiento de personas o equipos, junto a la voluntad de renovar creativamente y con provecho las relaciones con ellas. Un viaje apasionante, en el que la sensibilidad y los profesionales PAS tenemos mucho que aportar. ¿Te vienes?
Paula Mª Núñez
Investigador predoctoral URJC Instituto de Acompañamiento UFV
Fuentes:
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