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¿Y tú, a qué tribu perteneces? ¿PAS o NO-PAS?

3 de diciembre de 2023 sensibil Comments Off

Por causas familiares estoy pasando una temporada (larga ya) en el vecino país de Francia y por temas profesionales hago incursiones en Bélgica. Hasta que no vives inmerso en la rutina de un país no te das cuenta de cuán diferente puede ser de tu país de origen: de tu cultura, de tus valores y principios… Sin embargo, a estas alturas de mi vida, y puesto que he vivido en diferentes países, hoy en día me considero: ciudadana del mundo. Y por este motivo, este post inicia con esta visión multicultural.

Pongámonos en contexto. Por ejemplo, en la cultura mediterránea y la latina en general, ya sea por su clima, su comida o su historia…, el espíritu de las personas es de vivir de las puertas de su casa hacia afuera. Es decir, gusta mucho la socialización. En latitudes más nórdicas, la vida ocurre más de puertas adentro. Pero no porque sean menos sociales, más fríos o especialmente individualistas. Ante todo, es una adaptación al entorno. Entorno que en muchos casos es poco amigable: ausencia de luz solar, cielos grises, lluvia constante, nieve, vientos gélidos, etc. Así que, afirmar que en una sociedad son más abiertos y en otra más cerrados en el fondo, no refleja la naturaleza antropológica del ser humano como ente social. Las cosas no son blanco y negro y las generalizaciones son tan odiosas como las comparaciones. Si hubiera que definir en un vocablo que sirviera para definir el comportamiento social en todos los grupos humanos ese vocablo tendría que ser “otredad”.

 

La otredad es un concepto que se refiere a la idea de que hay algo o alguien que es diferente a nosotros y que, por lo tanto, puede resultar extraño o ajeno. La otredad es un concepto importante en diversas áreas de estudio, incluyendo la sociología, la psicología, la filosofía y la antropología. Este concepto está muy ligado al principio filosófico de alteridad.

 

Alteridad es la capacidad de alternar o cambiar la propia perspectiva por la del “otro”. En definitiva, que para conocer nuestra propia identidad nuestro cerebro necesita referencias de aquello que nos diferencia o nos aproxima a otros seres humanos. De ahí, la palabra prójimo que viene de próximo y si la descontextualizamos de todas las asociaciones religiosas o morales e incluso políticas con las que se han usado, vemos que el prójimo no es más que el sinónimo de semejante, cercano o vecino. De manera que para saber quiénes somos buscamos referencias en nuestros allegados (otro término muy vapuleado durante la pandemia).

Pues bien, esta identidad comienza a través de los lazos que compartimos con grupos muy reducidos de personas a través de mecanismos de parentesco o afinidad. Familia o amigos, para que nos entendamos. Y esto así, aquí, en Finlandia, la Pampa o en la China. En nuestra infancia estos reducidos grupos son nuestro mundo, pero cuando llega la adolescencia toca ampliar las fronteras y aparecen las personas que serán nuestra segunda familia: l@s amig@s. Nuestras amistades actúan en congruencia con aquellos mecanismos que refuerzan nuestra identidad personal y de grupo basados en lo que no-somos.

En este momento particular del desarrollo humano la noción de otredad puede ser muy útil para fomentar la empatía y la solidaridad entre los miembros del grupo. Es por ello, que, si l@ niñ@s crecieron en entornos saludables psicológica y mentalmente, les será sencillo reconocer que cada persona dentro del grupo es única y que tiene sus propias experiencias, necesidades y perspectivas. Estos grupos aprenden a valorar y respetar las diferencias entre ellos e incluso crean ambientes que fortalecen la cohesión del grupo y su capacidad para enfrentar desafíos juntos. En este sentido, es importante tener en cuenta que la otredad no se desarrolla únicamente por la afinidad de hobbies, por la apariencia física, la ropa que se viste o los videojuegos que se prefieren. El sentido de otredad va un poco más allá. Esto da a la otredad la capacidad de respetar, reconocer y poder vivir armoniosamente con esta diversidad aceptando que cada persona es única e irrepetible en el universo.


Por lo tanto, en los grupos en los que desde la adolescencia hasta su vida adulta se guían por los valores de otredad tienen la cualidad de distinguir al otro como diferente de uno mismo, es decir como alguien externo a nuestro ámbito inicial (familia) pero no con el ánimo de discriminar o rechazar sino todo lo contrario, es un concepto que acepta la diversidad y conlleva una convivencia entre las partes. Esto hace que se saque lo mejor de cada persona en beneficio del grupo.

Pero cuando la otredad no logra tener un espíritu inclusivo, sino que por el contrario tiene tintes de CLUB PRIVADO la base del concepto se pierde en sí mismo. En estos casos, en lo particular (o sea desde mi pensamiento personal) nos acercamos más al concepto de “tribalista”. Ser tribalista se refiere a una persona que tiene una fuerte identificación con una tribu o grupo social específico. Esta tribu puede ser definida por el lugar de nacimiento, los valores culturales, la religión, la etnia, la orientación sexual, la nacionalidad o cualquier otro factor que una persona pueda sentir que la une a un grupo en particular y que lo diferencia enormemente de otros grupos. En algunos casos, ser tribalista puede ser positivo, ya que puede fomentar un sentido de pertenencia y comunidad con otros miembros del grupo. Sin embargo, también puede llevar a la exclusión y la discriminación de aquellos que no forman parte del grupo. De hecho, cuando una persona se identifica fuertemente con una tribu, puede ser difícil para ella aceptar o entender las diferencias de otras personas del grupo y por supuesto con otros grupos. Y ya no hablemos si dentro del grupo, existen “reglas” para asegurar la pertenencia al mismo. En estos casos los conflictos externos e internos están a la orden del día ya que “para pertenecer a este grupo” un@ puede verse obligad@ a perder su propia identidad y renegar de sus valores y principios. Os puedo asegurar que, aunque el conflicto a veces no sea evidente (o consciente) probablemente a nivel del inconsciente se está gestando tal grado de incoherencia, que a la larga puede pasar factura tanto en la salud mental como física. Por eso hay que cuidarse muy bien de diferenciar si el grupo al que se desea pertenecer valora la otredad o es un grupo con el espíritu de tribu, club privado, logia o “iglesia del nuevo gurú de moda”.

También, me gustaría señalar que en los tiempos que corren el término “tribalista” puede ser igualmente descrito en el contexto político para caracterizar a personas que tienen una fuerte identificación con una ideología específica, y que ven a los miembros de otros partidos o ideologías como enemigos o rivales. Esto puede llevar a una polarización y división en la sociedad, lo que puede ser perjudicial para el diálogo y la cooperación entre los diferentes grupos que componen una nación. Por lo que es importante reconocer y valorar las diferencias culturales y sociales entre los grupos, y trabajar hacia una sociedad más inclusiva y comprensiva.

 

¿Y qué tienen que ver todos estos términos con el tema de la Alta Sensibilidad?
Pues tienen que ver… y mucho. En especial, para las personas que están empezando a reconocerse como PAS y que sienten una necesidad especial de conectar con otras personas con su misma manera de procesar la información. Esta necesidad es totalmente comprensible, pues de sentirse “bichos raros” ahora entienden que en el planeta hay caminando entre un 20-30% de personas que ven el mundo como ell@s. Y el ánimo de aceptar su identidad a través de la alteridad es importante. No obstante, si ese sentir es deseable y hasta “fomentable” (espero que se me entienda el neologismo), lo que desde la Asociación de Profesionales de Alta Sensibilidad de España no vemos con tanto entusiasmo es la inclinación de algunos grupos de crear mundos diferenciados, tribales y exclusivos. Es decir, aquellas tendencias de diferenciar en blanco y negro, es decir en: mundo de PAS y mundo de NO-PAS. Especialmente cuando partimos de la idea de que sensibilidad tenemos todos los seres humanos, en mayor o menor grado. Y cuando hablamos de sensibilidad nos referimos a la Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS), es decir a las características propias del sistema nervioso de una persona que se activan en mayor o menor medida en su interacción con el mundo. No hablamos de vulnerabilidad, de debilidad y mucho menos de trauma. Tampoco hablamos de superpoderes, de hipersensibilidad o altas capacidades. A cada cosa se nombre. Parece fácil, pero no lo es.

Crear mundo PAS y NO-PAS suena a crear grupos con ánimo polarizado, que no buscan la integración social sino simplemente la diferenciación. Una diferenciación que además suena a lucha de minorías. Y nada más lejos de los valores, la visión y la misión que se propuso la Asociación de Psicólogos y Profesionales de la Alta Sensibilidad PASESPANA.ORG en su creación. Y en este sentido me veo obligada a poner un ejemplo. En Francia, en 2022 se publicó la escala adaptada de Alta Sensibilidad a la cultura gala (Bordarie et al. 2022). Y si bien el término PAS guarda el mismo significado que en el resto de los países donde también se ha adaptado el test, desconozco por qué (aunque tengo mis sospechas) fuera de los ámbitos científicos (es decir, a nivel del usuario de a pie) fueron creándose muchas tribus que proclaman la superioridad emocional, moral o incluso intelectual de las PAS. Y esta tendencia me parece totalmente fuera de lugar. El reconocimiento del rasgo PAS no es el descubrimiento de un poder extrasensorial o de nuevos “seres mutantes”. Es simplemente ponerle nombre a un rasgo que ha existido desde siempre, no solo en los seres humanos sino en más de 100 especies en la naturaleza. Es por ello que en este contexto, el concepto de otredad puede ser mucho más útil para fortalecer los lazos entre las PAS que acaban de descubrir el rasgo.

Recordemos que la otredad es más que buscar personas similares para reafirmar una identidad. La otredad implica también apreciar al otro como un ente ajeno a nosotros, a lo que nos rodea e identifica. Al reconocer que cada persona tiene su propia experiencia única y puede experimentar el mundo de manera diferente, los miembros del grupo pueden aprender a valorar y respetar las diferencias entre ellos. Esto puede ayudar a crear un ambiente más comprensivo y empático para todos los miembros, lo que puede ser especialmente importante para las PAS que desde su propia empatía pueden (y deben) tratar de ser luces guías en un mundo cada vez más abocado a lo tecnológico y menos a lo humano.

Algunas formas en que se puede utilizar el concepto de otredad para fortalecer los lazos entre las PAS y sus prójimos pueden incluir:

 

  • Fomentar la empatía: al reconocer que cada persona tiene su propia experiencia única, los miembros del grupo pueden aprender a ponerse en el lugar de los demás y comprender sus perspectivas y necesidades. Esto puede ayudar a fomentar un mayor sentido de empatía y solidaridad dentro del grupo.
  • Respetar las diferencias: partiendo del hecho de que las PAS experimentan el mundo de manera diferente, las PAS conocen mejor que nadie la importancia de promover la tolerancia de esas diferencias que siempre van a existir entre los miembros del grupo.
  • Crear espacios seguros: donde las PAS puedan expresarse y ser comprendidas sin temor a ser juzgadas o criticadas. Estos espacios seguros en nuestro país van existiendo cada vez más a través de las ASOCIACIONES DE PERSONAS SENSIBLES que hacen un trabajo encomiable para guiar y acompañar a las PAS en la integración de su rasgo a la sociedad. Mención especial a APASE, Asociación PAS de Murcia, PAS a PAS Valencia, Asociación ACPAS…


En definitiva, muchas veces querer formar parte de una tribu está más fuertemente guiado a un miedo (consciente o no, incidental o traumático) que a un sentimiento de identidad con otras personas. Por lo que antes de buscar apoyo o hacerte “fan” de un grupo, tendencia o equipo pregúntate si tu ánimo de hacer tribu obedece a un sentimiento de inconformidad, emociones mal gestionadas, revancha o temor al rechazo o por el contrario se acompaña de un espíritu de crecimiento y tolerancia por la diversidad. En este último caso, la otredad te ayudará al crecimiento como individuo y como PAS.

Lorea Zubiaga MD PhD
Ms Neurociencias
Lorea Zubiaga es Investigadora Biomédica y Directora de Formación de PAS España

 

Fuentes:

  1. McDonald MM et al. Evolution and the psychology of intergroup conflict: the male warrior hypothesis. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 2012 Mar 5;367(1589):670-9.
  2. Richins MT et al. Incidental fear reduces empathy for an out-group’s pain. Emotion. 2021 Apr;21(3):536-544.
  3. Oliver Davies. The architecture of creditions: Openness and otherness. Front. Psychol., 21 September 2022 Sec. Theoretical and Philosophical Psychology. Vol 13 – 2022.

 

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