La fortaleza tras el cristal: un canto a la madre que no intentó reparar lo que no estaba roto
Una oda a la la alta sensibilidad, dedicada a quienes encontraron en el amor materno el refugio seguro frente a un mundo demasiado ruidoso. TE QUIERO CUS
Mamá, gracias por no intentar podar mis aristas cuando el mundo insistía en que yo no encajaba, por ser el puerto manso donde descansaba mi alma cuando la luz hería y el ruido me agotaba.
Sé que no fue fácil criar a una niña extraña, una pequeña de cristal en un bosque de piedra, que lloraba por lo invisible, que reía por lo mínimo, y que sentía el dolor ajeno como una propia herida.
Perdona las horas de sombra y mis silencios largos, aquellos “inconvenientes” de mi piel sin coraza; tú fuiste el muro suave, el filtro necesario, quien tradujo la vida para que yo tuviera casa.
Me viste diferente y, en lugar de juzgarme, decidiste aprender mi dialecto de asombros. Gracias por sostener el peso de mis mundos sobre la fortaleza invicta de tus hombros.
Hoy mi sensibilidad no es carga, sino vuelo, porque tú le pusiste alas a mi forma de ser. Por la paciencia infinita, por el amor sin tregua, por haberme enseñado, simplemente, a florecer.
Te quiero, Cus.
“Ser sensible en un mundo insensible es una forma de valentía, pero acompañar a esa persona en su camino es el acto de amor más puro que existe.”
Usamos cookies para personalizar el contenido, proporcionar funciones de redes sociales y para analizar nuestro tráfico. Si sigues navegando, aceptas las condiciones de privacidad que puedes ver en la web. View more
Feliz Día de la Madre, por Belén Arén (Responsable de Relaciones Institucionales de PAS ESPAÑA)
La fortaleza tras el cristal: un canto a la madre que no intentó reparar lo que no estaba roto
Una oda a la la alta sensibilidad, dedicada a quienes encontraron en el amor materno el refugio seguro frente a un mundo demasiado ruidoso. TE QUIERO CUS
Mamá,
gracias por no intentar podar mis aristas
cuando el mundo insistía en que yo no encajaba,
por ser el puerto manso donde descansaba mi alma
cuando la luz hería y el ruido me agotaba.
Sé que no fue fácil criar a una niña extraña,
una pequeña de cristal en un bosque de piedra,
que lloraba por lo invisible, que reía por lo mínimo,
y que sentía el dolor ajeno como una propia herida.
Perdona las horas de sombra y mis silencios largos,
aquellos “inconvenientes” de mi piel sin coraza;
tú fuiste el muro suave, el filtro necesario,
quien tradujo la vida para que yo tuviera casa.
Me viste diferente y, en lugar de juzgarme,
decidiste aprender mi dialecto de asombros.
Gracias por sostener el peso de mis mundos
sobre la fortaleza invicta de tus hombros.
Hoy mi sensibilidad no es carga, sino vuelo,
porque tú le pusiste alas a mi forma de ser.
Por la paciencia infinita, por el amor sin tregua,
por haberme enseñado, simplemente, a florecer.
Te quiero, Cus.
“Ser sensible en un mundo insensible es una forma de valentía, pero acompañar a esa persona en su camino es el acto de amor más puro que existe.”
Noticias recientes
Finaliza la primera edición del curso universitario de Especialización para Profesionales en Alta Sensibilidad
9 de julio de 2026Normopatía y Alta Sensibilidad: ¿Y si el verdadero problema nunca fue ser diferente, sino esforzarse demasiado por parecer normal?
8 de julio de 2026Nace Mallorca Sensible, la primera asociación de Baleares dedicada a la alta sensibilidad
7 de julio de 2026Categorias