«Las personas con Alta Sensibilidad no somos bichos raros»
Al frente de la primera consulta especializada en personas con Alta Sensibilidad en Burgos, María de Román confía en romper el «estigma» todavía latente sobre la salud mental masculina y «las etiquetas desde la infancia»
No hay mejor metáfora que la de la orquídea para definir a las personas con Alta Sensibilidad (PAS). «Si estamos en contextos realmente tóxicos o complejos, no conseguimos brotar; se nos va apagando la energía interna. Sin embargo, en contextos favorables podemos florecer».
La psicóloga burgalesa María de Román ha comprobado empíricamente dicha afirmación. Compró una orquídea y durante mucho tiempo permaneció mustia, aparentemente sin vida. De repente, la cosa cambió y «ahora es un manojo de flores». Quizá influyese el estado de su compañera, ilusionada como nunca tras abrir su propia consulta especializada en PAS. La primera en Burgos, por ahora, tras comprobar que existía «muchísima demanda».
Emprender por cuenta propia no fue un arrebato. De Román llevaba «muchos años» dándole vueltas al asunto. Recién obtenida la habilitación sanitaria, se dijo a sí misma: «Ahora o nunca». Así pues, dio con el espacio idóneo en el número 6 de la calle Trujillo. Una zona de confort para el paciente, ajena al ruido exterior, que transmite paz nada más cruzar la puerta.
«Las personas con Alta Sensibilidad no somos bichos raros». De Román habla en primera persona porque forma parte de ese «20 o 30% de la población» que comparte una serie de rasgos comunes. Empezando por la necesidad de «otro tipo de tiempos, atención, cuidados y conciencia». Ahora más que nunca, ya que «en el momento en el que vivimos, en esta vorágine de hacer, se nos olvida el ser». Por ello, considera indispensable «volver a encontrar esos espacios que favorezcan nuestras habilidades».
No todas las PAS son conscientes de que lo son. En muchos casos, quienes no logran encajar en función de los cánones socialmente admitidos se «dan cabezazos contra un muro». Sin embargo, «cuando la persona se reconoce en el rasgo se genera una comprensión que lleva al alivio». Y de ahí al desahogo, sumamente necesario para coger las riendas y no seguir tropezando por el camino.
Desde que abrió la consulta, De Román ha atendido a «muchas personas con un nivel de sufrimiento muy elevado». Pacientes convencidos de que «no son capaces de encontrar su lugar en el mundo». Puede ser en el trabajo o con la familia, «en relaciones de pareja o con los hijos». Cuando la ansiedad ataca, la sensibilidad a los estímulos explota y «molestan mucho los ruidos, la luminosidad y los factores estresantes». De puertas hacia dentro, «suele afectar mucho la opinión de los demás, entrar en comparaciones y el qué dirán». Principalmente, tal y como apunta Román, porque subyace «una tendencia al perfeccionismo que provoca que la persona se sienta cada vez más aislada».
Otro rasgo inevitable: la empatía. Grandiosa virtud, eso nadie lo pone en duda. No en vano, sobreexponerse al sufrimiento ajeno puede conllevar una carga demasiado pesada para las personas con Alta Sensibilidad, a las que tanto les cuesta «decir ‘no’». En base a ello, De Román aborda cada caso desde el «vínculo» con el paciente y su propia «individualidad», prestando especial atención a la «historia personal» y estableciendo diferentes dinámicas de «regulación emocional, gestión del estrés, habilidades sociales o técnicas somatosensoriales».
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María de Román, psicóloga especializada en personas con Alta Sensibilidad entrevistada en el Diario de Burgos
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No hay mejor metáfora que la de la orquídea para definir a las personas con Alta Sensibilidad (PAS). «Si estamos en contextos realmente tóxicos o complejos, no conseguimos brotar; se nos va apagando la energía interna. Sin embargo, en contextos favorables podemos florecer».
La psicóloga burgalesa María de Román ha comprobado empíricamente dicha afirmación. Compró una orquídea y durante mucho tiempo permaneció mustia, aparentemente sin vida. De repente, la cosa cambió y «ahora es un manojo de flores». Quizá influyese el estado de su compañera, ilusionada como nunca tras abrir su propia consulta especializada en PAS. La primera en Burgos, por ahora, tras comprobar que existía «muchísima demanda».
Emprender por cuenta propia no fue un arrebato. De Román llevaba «muchos años» dándole vueltas al asunto. Recién obtenida la habilitación sanitaria, se dijo a sí misma: «Ahora o nunca». Así pues, dio con el espacio idóneo en el número 6 de la calle Trujillo. Una zona de confort para el paciente, ajena al ruido exterior, que transmite paz nada más cruzar la puerta.
«Las personas con Alta Sensibilidad no somos bichos raros». De Román habla en primera persona porque forma parte de ese «20 o 30% de la población» que comparte una serie de rasgos comunes. Empezando por la necesidad de «otro tipo de tiempos, atención, cuidados y conciencia». Ahora más que nunca, ya que «en el momento en el que vivimos, en esta vorágine de hacer, se nos olvida el ser». Por ello, considera indispensable «volver a encontrar esos espacios que favorezcan nuestras habilidades».
No todas las PAS son conscientes de que lo son. En muchos casos, quienes no logran encajar en función de los cánones socialmente admitidos se «dan cabezazos contra un muro». Sin embargo, «cuando la persona se reconoce en el rasgo se genera una comprensión que lleva al alivio». Y de ahí al desahogo, sumamente necesario para coger las riendas y no seguir tropezando por el camino.
Desde que abrió la consulta, De Román ha atendido a «muchas personas con un nivel de sufrimiento muy elevado». Pacientes convencidos de que «no son capaces de encontrar su lugar en el mundo». Puede ser en el trabajo o con la familia, «en relaciones de pareja o con los hijos». Cuando la ansiedad ataca, la sensibilidad a los estímulos explota y «molestan mucho los ruidos, la luminosidad y los factores estresantes». De puertas hacia dentro, «suele afectar mucho la opinión de los demás, entrar en comparaciones y el qué dirán». Principalmente, tal y como apunta Román, porque subyace «una tendencia al perfeccionismo que provoca que la persona se sienta cada vez más aislada».
Otro rasgo inevitable: la empatía. Grandiosa virtud, eso nadie lo pone en duda. No en vano, sobreexponerse al sufrimiento ajeno puede conllevar una carga demasiado pesada para las personas con Alta Sensibilidad, a las que tanto les cuesta «decir ‘no’». En base a ello, De Román aborda cada caso desde el «vínculo» con el paciente y su propia «individualidad», prestando especial atención a la «historia personal» y estableciendo diferentes dinámicas de «regulación emocional, gestión del estrés, habilidades sociales o técnicas somatosensoriales».
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