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De depresivo y neurodivergente (Atte. sinónimos de ¿sensibilidad?) (PARTE I)

28 de septiembre de 2025 sensibil Comments Off

¿Casualidad o causalidad?
¿Ley de la atracción?
Es igual.

Estaba hace unas semanas pensando en lo que iba a escribir para el blog de PAS ESPAÑA cuando se presentaron 2 situaciones casi de forma simultánea. Son dos “vivécdotas” (como dirían dos famosos personajes del mundo de la comedia española).

Vivécdota uno:


En una sala de espera para un trámite burocrático entró una señora mayor muy bien arreglada, con un bastón y aire despistada. Miraba mucho a un lado y a otro sin saber qué hacer en aquella sala. Una chica joven se le acercó a comentar que debía coger número de la máquina de la entrada y según el trámite se le daría un papel con el turno y la mesa a la que debería dirigirse. La señora le miró con infinito agradecimiento y ya entonces me pareció que se le aguaban los ojos. Se dirigió a la máquina y al leer las opciones, volvió a quedarse paralizada. En ese momento pasaba una funcionaria (distinguida por su carnet colgando) y la señora aprovechó la ocasión para preguntarle. La funcionaria, con cara de fastidio, le respondió que ella no estaba allí para eso. Que si no se lo había contado al conserje de la entrada pues que regresase allí y preguntara como es debido. La funcionaria se fue pero la señora se quedó paralizada sin moverse, delante de la máquina. Hacía unos espasmos chiquitines y se llevaba las manos a los ojos constantemente. Supe enseguida qué pasaba y me acerqué a la señora. Efectivamente estaba llorando. Pero lo que más llamaba la atención era, primero, que ella “no quería llorar” (tenía esa cara de impotencia que muestran algunas personas cuando las emociones le sobrepasan); segundo, por sobre todas las cosas, que no quería que nadie le viese llorar.
Me acerqué, la saludé y la invité con palabras de consuelo a sentarse en una de las sillas del fondo de la sala. Una vez que se sentó y estuvo algo tranquila, le pregunté por su gestión y con la información salí donde estaba el conserje, le pregunté, le saqué su número y volví a la sala junto a la señora. De camino, no dejé de oír comentarios de otras personas que esperaban allí. Del tipo: “pues la funcionaria no le ha dicho nada malo”, “no se puede ser tan sensible en la vida”, “de verdad que es que hay gente muy blandita”. Menos mal que también escuché: “pobre mujer, así será lo que debe estar viviendo que está tan sensible”, “tampoco eran formas, acaso no ve que es mayor y le cuesta moverse”. En fin, para una misma situación diversos puntos de vista. La vida misma. Al sentarme junto a la señora le dije que yo le avisaría cuando saliera su número, que no se preocupase y que tratara de estar tranquila. En eso, mirando al suelo y con cara de pena me dijo:
– Yo no soy así…
– ¿Así cómo? – le pregunté
– Así, cobarde, débil, vulnerable…
– Ya, lo sé. No se preocupe.
– Pero es que estoy sobrepasada.
– Ya. Eso sí puedo verlo. ¿Algo que se pueda contar?
– Sí. No es un secreto. Pero me da vergüenza no poder gestionarlo.
– No se preocupe. Soy sanitario y conozco personas que le podrían ayudar.
– ¡Ah!, pues mire usted. Mi problema nace de la rodilla. Vivo con dolor crónico. Desde año nuevo. He perdido parte de mi autonomía. ¿Sabe? Yo en diciembre del año pasado aún caminaba normal y hasta bailaba. Pero llegó enero y empezó el dolor… Después de recorrer todas las consultas del centro de salud y del hospital y luego de que me hicieran un montón de pruebas… En abril de este año (15 meses más tarde) me dijeron que me tenían que hacer un reemplazo de la rodilla. Fue un choque para mí, porque me dan miedo las operaciones. Pero no sé de dónde saqué valor y me propuse recuperar mi autonomía y por eso acepté entrar en la lista de espera. Pero esta situación ha afectado a mi familia; ahora tienen que organizarse para poder llevarme a los sitios. Y ya no puedo ocuparme de mis nietos. Y a mi hija mayor (que se ha separado) la han echado del trabajo y ha vuelto a casa.
Y aunque me ayuda con las cosas del piso, la veo que está mal y no sé cómo puedo aliviar su pena. Menos mal que Jaime (mi nieto y su único hijo) se ha ido a Granada a estudiar. Estudia y trabaja. Es espabilado el chiquillo y eso le da un respiro a su madre. Aunque ya dijo que no vendría este verano y me da pena. Y luego está lo de Carmencita. Una de las amigas de toda la vida. Al final se la llevó un cáncer en la matriz. La echo de menos. Fue la hija de Carmencita la que me dijo que tenía que poner estos papeles en orden si no quería perjudicar a mis hijos si a mí me pasa algo. Por eso estoy aquí.
Dejé que estuviera un rato en silencio con sus propios pensamientos… Y al rato me dijo:
– ¿Sabe usted? El otro día me llamaron del hospital para decirme que me podían poner en algo llamado “plan de choque”. Que me operaban antes por la privada… Pero me dio miedo operarme sin tener los papeles arreglados y dije que no. Pero ahora creo que el miedo a la cirugía me está afectando más…Y nadie me dice nada, ni cuándo me operarán ahora, ni si me voy a quedar bien, los riesgos, y todo eso. Mi cabeza me pregunta continuamente cuánto tiempo más voy a estar arrastrando este dolor. Y sobre todo, que no quiero ser una carga para mi familia… – Estas últimas frases ya las dijo sollozando otra vez.
Seguí conversando con la buena mujer hasta que la llamaron (su lista de espera era más corta que la mía). Y yo me quedé allí, pensando en todo lo que había sucedido. Traigo a cuenta esta vivencia porque lo que más me sorprendió no fue la abuelita con sus problemas que van minando su estado de ánimo (un estresor tras otro) sino la falta de empatía de muchos de quienes estaban en la sala. Es más, como de costumbre, llamaron mi atención l@s “juzgadores alegres” (símil por “gatillo alegre”). L@s juzgadores alegres son aquellos que catalogamos de “cuñad@s”. Personas que emiten juicios rápidos y en voz alta (esto es importante) ya que ellos se consideran los portadores últimos de la verdad. Est@s juzgadores alegres además tienen la cualidad de que sus juicios no se los quedan para ellos, sino que todos a su alrededor deben conocer y disfrutar de “su sabiduría”. Lo mejor es que ves en sus caras cómo se quedan tan satisfech@s tras haber juzgado a una persona como débil, cobarde, vulnerable o SENSIBLE (en su acepción de ofendidita) sin conocer ni un ápice lo que la persona pueda estar arrastrando en su vida. L@s juzgadores alegres son l@s mism@s que cuando se enteran de que alguien se ha suicidado (o hecho un intento de suicidio) ell@s saben perfectamente que la causa es la “falta de carácter”. Lo más llamativo es que much@s de est@s juzgadores alegres hablan así hasta que ell@s mism@s (por cosas del destino o más bien diría yo del Karma) caen en un episodio de ansiedad, depresión o de burnout. Cuando sufren en sus propias carnes el dolor y el sufrimiento que antes criticaban a otros…, su manera de pensar cambia. No en vano: “nadie aprende de experiencia ajena”. Pero ojo… No todos cambian. Hay much@s que se quedan estancad@s en su papel de cuñad@.

Sin embargo, en lo que quiero hacer énfasis es en cómo en este simple (pero común) episodio de la vida diaria, muchas personas piensan que sensibilidad equivale a debilidad. Y es que la palabra sensibilidad sigue siendo un término polémico. Es por esto que hay muchas PAS que nunca reconocerán que lo son…, ya que la concepción popular de esa palabra va de la mano de “algo malo”, “algo que es anormal”, “algo que no se quiere ser”.

Por otro lado, si hay algo PRECIOSO que tiene el idioma español (y que no muchos idiomas lo tienen: ni el inglés, ni el francés… entre otros) es la diferenciación entre el verbo SER y ESTAR. El verbo ser es para describir situaciones permanentes, como quién eres. Mientras que el estar, representa un verbo que habla de situaciones que cambian, como dónde estás o cómo te sientes. Es cierto que cuando uno ESTÁ desbordado, estresado, ansioso y abrumado puede sentirse con las emociones a flor de piel. Lo que ocurre es que manifestar emociones está mal visto en esta nuestra sociedad actual y ahí está la gente: tragando y tragando sus sentimientos para no parecer que se ES vulnerable ni emocional. Pero si supiéramos lo que hay detrás de esa aparente vulnerabilidad, veríamos que lo que le ocurre a la persona es que ESTÁ pasando por un mal momento y por ello se siente mal. Pero el juicio está hecho, y la connotación negativa de vulnerable, emocional o sensible… Está encima de la mesa.

Sentirse desbordad@ en un momento dado de nuestras vidas NO ES SER UNA PERSONA ALTAMENTE SENSIBLE. El SER altamente sensible es otra cosa. Y sobre todo, no es algo que uno decida ni que se determine únicamente respondiendo a una serie de ítems en un test. Los test son solo herramientas. Instrumentos que orientan a un conocimiento. Sin embargo, para que una persona a través del autoconocimiento llegue a la realidad de que es PAS, tiene que ser evaluada y acompañada por un profesional que conozca del tema y que pueda guiarla en un plan de trabajo personal. Pongamos esta idea NEGRO SOBRE BLANCO: hacer solo un test (la versión que fuere) o tener una corazonada, no son elementos suficientes para hablar de una persona PAS. El contexto familiar, social y cultural, las experiencias personales (mochila de vida) y sobre todo cómo han aprendido a gestionar las señales del entorno es lo que va a ayudar a identificarse como PAS.

Volviendo al caso de la señora en la sala de la oficina pública os comentaré varias conclusiones. Desde una perspectiva médica y psicológica, la señora lo que estaba experimentando es una situación de crisis multifactorial. No es solo un problema de la rodilla, sino una acumulación de estresores que han superado sus mecanismos de afrontamiento. El dolor físico continuo pudo haber sido el punto de partida (quien no sufre de estos dolores no puede imaginar lo mal que se pasa). Desde mi humilde punto de vista profesional (ojo, opinión personal) nuestra protagonista podría estar experimentando un trastorno de adaptación con estado de ánimo mixto ansioso-depresivo debido a una serie de estresores que habían ido apareciendo en su vida (la famosa gota malaya o gota china):

1) El dolor de la rodilla que había mermado su calidad de vida, independencia y capacidad para realizar actividades que antes disfrutaba, como bailar.

2) Esto conlleva una pérdida de autonomía e independencia: siente que ha perdido el control sobre su vida, lo que la hace sentirse una “carga”.

3) Miedo e incertidumbre: la perspectiva de una cirugía de reemplazo de rodilla y si “va a quedar bien”, sumado a la falta de información clara sobre el procedimiento, los riesgos y resultados a largo plazo.

4) Problemas familiares: la preocupación por su hija y nieto.

5) Duelo: la reciente pérdida de su amiga añade una capa de tristeza y la confronta con su propia mortalidad y la necesidad de “dejar sus papeles en orden”, lo que le genera más ansiedad.

6) Culpa y baja autoestima: el sentimiento de que no debería sentirse “cobarde o vulnerable” refleja una lucha interna con la imagen de sí misma.

Se avergüenza de no poder gestionar la situación, lo que agrava su malestar.
Pero ESTAR pasando un mal momento no quiere decir que ERES muy sensible. Las situaciones son muy diferentes. Y el enfoque lo da ser capaz de ahondar en la persona y no quedarse con la impresión superficial. Es el típico ejemplo que comentamos habitualmente en las charlas y conferencias de PAS ESPAÑA. Me explico. Si esta señora sube a un ascensor, nadie le va a preguntar por su estado de salud. Es una señora ahí, de pie, en un ascensor llevando su vida (y su cruz). En cambio si la misma señora estuviera en el mismo ascensor y fuera en silla de ruedas o con una pierna escayolada y muletas, quiero creer que algunas personas hubieran reaccionado de forma distinta preguntando por su estado de salud (insisto, quiero creer). Pero esto da la pauta de cómo la sociedad actual sigue siendo ciega y sorda ante los problemas de la esfera mental-emocional de quienes nos rodean.
Pero si solo fuera el ignorar, ya sería algo… Pero es que además se juzga, se señala con el dedo… En resumen: SE ESTIGMATIZA. No pretendo que todos nos convirtamos en psicólogos, terapeutas o coaches emocionales. Para ello están los profesionales que se preparan a fondo para ayudar a las personas que lo necesiten. Sin embargo, sí me gustaría tratar de transmitir el mensaje de que una sociedad más humana nace del “NO JUICIO”. Y esto ya sé que es difícil de llevar a la vida real cuando todos los medios nos llevan a ese campo y más aún de forma polarizada (ejemplo: inmigrantes sí; inmigrantes no.). La verdad es que nos falta mucho por caminar.

Mientras, dirijo la siguiente explicación a mis colegas de PAS ESPAÑA, esos profesionales que siempre estamos tratando de mejorar nuestra atención a todas las personas que acuden a nosotros (tengan el grado de sensibilidad que tengan). En el caso de esta señora con dolor en la rodilla ya os habréis dado cuenta de que lo crucial en la situación de esta señora es abordar la situación desde un enfoque holístico, reconociendo que su dolor físico y su sufrimiento emocional están íntimamente conectados. Que no se puede despegar el dolor físico del dolor emocional (a fin de cuentas van por las mismas vías sensoriales al sistema nervioso). Si esta señora llegase a alguna de nuestras consultas lo primero a realizar sería la tarea de validar y normalizar las emociones que ella está sintiendo y por las que ella misma se culpabiliza.

a) El primer paso es hacerle entender que lo que siente es completamente normal y comprensible. Se le debe decir algo como: “No es que sea vulnerable, es que está pasando por muchísimas cosas difíciles al mismo tiempo. Es normal sentirse sobrepasada. Lo que usted siente es una reacción natural del cuerpo y su mente.”

b) Luego estaría bien abordar la incertidumbre sobre su condición física. Le recomendaría que acudiese a algún otro profesional médico que le explicara de forma clara, precisa y sobre todo cercana (esto sería quizá lo más difícil tal y como están algunas consultas hoy en día) su condición física y cómo se va a proceder con la intervención, los riesgos, los beneficios y el tiempo de recuperación. Esto le permitirá tomar una decisión informada y reducir el miedo a lo desconocido.

c) Fomentar la comunicación con su familia animándole a que hable abiertamente con su hija sobre sus preocupaciones. Expresar sus sentimientos puede fortalecer el vínculo y permitir que la hija también comparta sus propias luchas. La idea de “no ser una carga” es una percepción; la realidad es que su familia la quiere y desea ayudarla. Fomentar el diálogo sobre cómo se siente puede aliviar esa carga percibida.

d) Reconectar con su identidad y pasatiempos recordándole quién era antes del dolor crónico. Aunque ahora no pueda bailar, puede buscar otras actividades que le brinden alegría y una sensación de autonomía. Sugerirle alternativas adaptadas a su condición, como escuchar la música que le gustaba, hacer ejercicios de estiramiento suaves o unirse a un grupo social para personas mayores puede ayudarla a recuperar parte de su identidad.

e) Considerar apoyo psicológico para aprender técnicas de afrontamiento para manejar la ansiedad y la tristeza. Explicar esta parte es delicada, porque las personas no quieren que las cataloguen de “locas” (lamentablemente ciertas generaciones aún creen que ir al psicólogo ES de locos (mal uso del verbo ser). Pero justamente, es esta parte donde debemos hacer mayor hincapié, sobre cómo un psicoterapeuta puede ayudarla en su gestión emocional a través de la palabra.

Aquí hago un inciso. Os recuerdo que los psicólogos no dan medicamentos (eso lo hace el psiquiatra). La baza fuerte de un psicólogo es su entrenamiento para la “escucha activa”. Una escucha que no busca juicios (o etiquetas) sino el autoconocimiento de la persona.

En definitiva el ejemplo anterior es una de esas situaciones típicas donde el término sensible se usa de manera equivocada juzgando a una persona como que ES una “sensiblera, cobarde, débil o vulnerable” sólo porque ESTÁ pasando por un mal momento. Insisto en la idea de PAS ESPAÑA, la sensibilidad es un gradiente. Todos los seres humanos somos en mayor o menor grado sensibles (es decir, reactividad ante estímulos externos e internos) pero esto no es ni de lejos una patología. Y cuando las emociones desbordan a una persona en un momento dado (algo que le puede pasar a cualquiera, sea más o menos sensible) la gestión de dichas emociones es esencial al margen de su personalidad o forma de interactuar con el entorno.
Y para dejaros con curiosidad, dejo una segunda vivécdota (más formas de cómo se interpreta la palabra sensible) para la siguiente entrada.

Lorea Zubiaga MD PhD
Ms Neurociencias
Investigadora Biomédica y Directora de Formación de PAS España

Fuentes:
1. Longo UG, Corradini A, Marchetti A et al. I Am Afraid I Will Not Be Able to Walk, That Is What Worries Me-The Experience of Patients with Knee Osteoarthritis before total Knee Arthroplasty: A Qualitative Study. J Clin Med. 2024 May 13;13(10):2878.
2. Iimura S. Highly sensitive adolescents: The relationship between weekly life events and weekly socioemotional well-being. Br J Psychol. 2021 Nov;112(4):1103-1129.
3. Suuberg A. Emotional Distress Claims, Dignitary Torts, and the Medical-Legal Fiction of Reasonable Sensitivity. J Law Health. 2023;36(2):113-138.

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